Fallece la princesa Astrid de Noruega a los 94 años
La princesa Astrid de Noruega, figura central de la Corona noruega y hermana mayor del recientemente fallecido rey Harald V, ha muerto este viernes a los 94 años de edad. El deceso se produce apenas quince días después del fallecimiento del monarca, lo que profundiza el periodo de duelo institucional que atraviesa la nación escandinava.
El rey Haakon VIII ha expresado su pesar ante la pérdida de su tía a través de un comunicado oficial. Como medida de respeto y duelo nacional, la Casa Real ha dispuesto que las banderas del Palacio Real ondeen a media asta durante la jornada de este viernes y se mantengan así durante el día del funeral, siguiendo el protocolo de Estado para miembros de la familia real.
La princesa Astrid mantuvo su compromiso institucional hasta sus últimos días, habiendo asistido este pasado miércoles al funeral de Estado de su hermano Harald V. A pesar de presentar evidentes dificultades de movilidad, su presencia fue destacada como un símbolo de continuidad y lealtad a la institución. Su fallecimiento ha sido calificado por el soberano actual como una «gran pérdida» para la familia y el país.
Nacida en Oslo en 1932, Astrid fue la segunda hija del rey Olav V y la princesa Marta de Suecia. Su trayectoria vital estuvo marcada por hitos históricos significativos, comenzando por el exilio en Estados Unidos durante la ocupación nazi en la Segunda Guerra Mundial. Tras la muerte de su madre en 1954, asumió el rol de Primera Dama de Noruega durante catorce años, ejerciendo como anfitriona oficial del Estado hasta el matrimonio de su hermano en 1968.
En el plano civil, su matrimonio en 1961 con Johan Martin Ferner supuso un cambio en su estatus jurídico-real. Al contraer nupcias con un ciudadano común, perdió el tratamiento de Alteza Real y su lugar en la línea de sucesión tradicional, pasando a ser conocida formalmente como la princesa Astrid, Sra. Ferner. No obstante, este cambio no mermó su actividad pública, centrada durante décadas en el apoyo a organizaciones benéficas, la atención a personas con dislexia y la protección de colectivos vulnerables.
La relación con su hermano, el rey Harald, fue descrita por cronistas de la Casa Real como de absoluta complicidad. Astrid fue un apoyo fundamental para el monarca en momentos clave de su reinado, incluyendo su prolongada lucha por obtener el permiso para casarse con la actual reina Sonia. Con su partida, desaparece uno de los últimos vínculos directos con la generación que reconstruyó la monarquía noruega en la posguerra.


