Un estudio científico desmiente la centralidad de Roma en la red vial del Imperio
Un análisis detallado de casi 300.000 kilómetros de la red de calzadas romanas, publicado recientemente en la revista Nature Communications, ha refutado diversas creencias históricas sobre la estructura y función de estas infraestructuras. La investigación, liderada por Tom Brughmans de la Universidad de Aarhus y Pau de Soto de la Universitat Autònoma de Barcelona, concluye que, pese al adagio popular, Roma no ocupaba la posición más céntrica en el sistema terrestre de comunicaciones del Imperio.
El equipo de científicos utilizó el modelo digital Itiner-e para evaluar las propiedades estructurales de las vías, analizando variables como la pendiente, la altitud, la orientación y la rectitud de los trazados. Estos datos fueron comparados con redes de transporte modernas para determinar el grado de pervivencia y la eficiencia de la ingeniería romana en relación con los estándares contemporáneos.
Los resultados indican que, si bien Roma era un punto neurálgico para el comercio marítimo en el Mediterráneo, su relevancia en la red terrestre era secundaria frente a otras capitales provinciales. Ciudades como Constantinopla, Antioquía y Ankara presentaban una ubicación estratégica superior para el desplazamiento por tierra. Según el estudio, el traslado de la capitalidad a Constantinopla en el siglo IV d. C. respondió a esta ventaja geográfica, situándose en el eje principal de comunicación entre Europa y Asia.
La investigación destaca que la red vial fue diseñada de manera paulatina para satisfacer necesidades políticas y administrativas a escala regional. Las calzadas facilitaban la gestión de las provincias y la recaudación de impuestos, conectando principalmente centros administrativos y puertos. Este desarrollo fragmentado explica por qué la península italiana funcionaba, en la práctica, como un apéndice de la red global de carreteras y no como su centro neurálgico terrestre.
En cuanto a la morfología de las rutas, el análisis desmiente que la rectitud fuera una característica universal de las construcciones romanas. Los ingenieros de la época buscaban el trazado más directo, pero estaban condicionados por la orografía, los recursos económicos y la disponibilidad de mano de obra. A diferencia de las infraestructuras modernas, que emplean viaductos y túneles de gran escala para superar obstáculos, las calzadas antiguas debían adaptarse con mayor frecuencia a los accidentes geográficos del terreno.
Finalmente, el estudio confirma una herencia notable de la red romana en las carreteras contemporáneas, fundamentada en la permanencia de núcleos urbanos de origen antiguo. No obstante, procesos históricos como la Revolución Industrial y la centralización de los Estados-nación han modificado significativamente el mapa vial en regiones de Europa, mientras que en zonas del norte de África la densidad de rutas principales ha disminuido respecto al periodo imperial. Los autores advierten que el sistema vial romano podría ser incluso más extenso de lo que se conoce actualmente, restando miles de kilómetros por identificar.


