Expertos analizan la influencia de los prejuicios de edad en el estilo y la identidad femenina
La periodista, estilista y autora Maialen Fernández de Arroiabe sostiene que las restricciones en el vestuario basadas en la edad responden a prejuicios sociales profundamente interiorizados más que a criterios estéticos objetivos. Según la experta, la noción de que ciertas prendas o tendencias poseen una «fecha de caducidad» limita la autonomía de las mujeres, quienes a menudo terminan por imponerse barreras propias ante el temor al juicio externo o a la exposición pública.
En su reciente análisis sobre el estilo en el siglo XXI, Fernández de Arroiabe señala que el cuestionamiento sobre la idoneidad de una prenda al cumplir años es un fenómeno cultural. La autora argumenta que, si bien el estilo personal puede y debe evolucionar, esta transformación ha de estar motivada por la falta de identificación con una estética previa y no por normativas sociales impuestas. La clave reside en que la decisión de abandonar una tendencia sea una elección personal y consciente, desligada de las presiones sobre lo que se considera apropiadamente cronológico.
Uno de los puntos centrales de esta perspectiva institucional sobre la moda es la adaptación de la indumentaria al cuerpo actual. La experta propone invertir la lógica convencional: en lugar de intentar que el cuerpo se ajuste a estándares de tallaje o estilos predefinidos, debe ser la ropa la que se adapte a la fisonomía presente de la mujer. Este enfoque busca mitigar el impacto negativo que los cambios físicos pueden tener en la autoimagen, promoviendo una relación más saludable y funcional con el armario.
Desde el ámbito de la psicología aplicada a la imagen, se destaca el concepto de «enclothed cognition» o cognición investida. Este principio establece que la ropa influye directamente en los procesos psicológicos y el comportamiento de quien la viste. Por ello, la recomendación para las mujeres que atraviesan transiciones vitales es reconstruir su imagen a través del autoconocimiento, preguntándose qué desean transmitir en su etapa actual y qué prendas refuerzan su bienestar, en lugar de centrarse en lo que socialmente se les prohíbe usar.
Finalmente, el análisis concluye que el estilismo debe ser utilizado como una herramienta a favor del individuo y nunca como un método de castigo. El objetivo último de la moda contemporánea, según los expertos, es facilitar que la persona se reconozca en su imagen actual, utilizando la ropa como un vehículo de expresión de su identidad presente y no como un recordatorio de cánones estéticos del pasado.


