Un análisis advierte de una creciente marginación de España en los principales foros de decisión internacionales
La política exterior española ha experimentado en los últimos ocho años un desplazamiento desde su tradicional anclaje en el bloque occidental hacia una posición de mayor equidistancia entre potencias democráticas y regímenes revisionistas. Según diversos análisis del ámbito diplomático y académico, esta tendencia ha provocado una progresiva exclusión de España en los núcleos de decisión de la Unión Europea y un enfriamiento de las relaciones estratégicas con Estados Unidos e Israel, coincidiendo con un estrechamiento de vínculos con China y sectores del populismo en Latinoamérica.
Uno de los indicadores más significativos de esta pérdida de peso institucional es la exclusión de España del denominado grupo E5 de Defensa, integrado por Francia, Alemania, Reino Unido, Italia y Polonia, a pesar de que el país se mantiene como la cuarta potencia económica de la Unión Europea. Esta marginación se ha extendido a encuentros informales de alto nivel, como la reunión sobre competitividad en Alden Biesen celebrada en febrero de 2026, a la que acudieron una veintena de líderes europeos sin presencia del Ejecutivo español.
En el ámbito trasatlántico, la interlocución con Washington atraviesa un periodo de especial complejidad. El presidente del Gobierno español no participó en la videoconferencia clave de agosto de 2025 convocada para tratar asuntos de seguridad global junto a líderes de Estados Unidos, Ucrania y las principales potencias europeas. Fuentes diplomáticas atribuyen este distanciamiento a las discrepancias sobre el gasto en defensa comprometido ante la OTAN, el posicionamiento respecto al conflicto palestino-israelí y la revisión del intercambio de inteligencia solicitada por comités del Senado estadounidense.
En contraposición al alejamiento de los socios occidentales, la relación con Pekín se ha intensificado mediante cuatro visitas oficiales en los últimos cuatro años. En abril de 2026, ambos países acordaron un «Diálogo Estratégico Permanente» y firmaron 19 acuerdos en áreas de inversión y tecnología. No obstante, esta aproximación ha generado recelos en la Comisión Europea, donde se advierte sobre posibles dependencias en sectores críticos y se vigila que las inversiones chinas no afecten la unidad de mercado de los Veintisiete, especialmente ante el creciente déficit comercial que en 2025 superó los 50.000 millones de euros en importaciones desde el gigante asiático.
La política regional en Oriente Próximo y Latinoamérica también muestra signos de ruptura con los consensos previos. El reconocimiento unilateral del Estado palestino y la crisis diplomática con Israel han limitado la capacidad de mediación de España en la zona y afectado la cooperación en sistemas de defensa. Paralelamente, en Iberoamérica, se observa un alineamiento con el Grupo de Puebla y una relación de cercanía con el régimen venezolano, lo que ha transformado el histórico papel de España como puente democrático en la región hacia una posición más ideologizada.
Finalmente, la gestión de la vecindad con Marruecos marca otro de los ejes de preocupación. La crisis actual en Ceuta y el giro en la postura sobre el Sáhara Occidental, realizado sin consenso parlamentario, son interpretados por expertos como signos de vulnerabilidad estratégica. Estos factores, sumados a la presión migratoria y las reclamaciones territoriales del país vecino, plantean la necesidad de una reevaluación urgente de la política exterior para recuperar la confianza de los socios europeos y fortalecer las alianzas democráticas tradicionales.


