La reciente formalización del acuerdo electoral entre Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) y Podemos para concurrir de forma conjunta a las elecciones generales del próximo 29 de noviembre ha profundizado la brecha interna en la formación republicana. Sectores críticos de la militancia y las bases del partido interpretan esta alianza como un alejamiento definitivo de la estrategia independentista unilateral, lo que está impulsando un trasvase de simpatizantes hacia Alhora, la formación de nuevo cuño liderada por el filósofo Jordi Graupera.
El malestar, latente desde el inicio de la política de distensión con el Gobierno central, se ha acentuado al considerar que el pacto con una fuerza no independentista prioriza la gobernabilidad del Estado sobre la agenda secesionista. Fuentes del Col·lectiu Primer d’Octubre, corriente crítica dentro de ERC, señalan que una parte no desdeñable de su electorado, así como votantes de Junts per Catalunya decepcionados con el alcance de la Ley de Amnistía, ven en Alhora una alternativa que mantiene el rechazo sistemático a cualquier acuerdo con el Ejecutivo de Pedro Sánchez.
Desde el sector crítico se cuestiona con especial dureza la figura de Gabriel Rufián, portavoz en el Congreso de los Diputados. Los detractores de la actual línea oficialista sostienen que el grupo parlamentario ha supeditado los objetivos de la formación a los intereses de las izquierdas españolas para frenar a la derecha y la extrema derecha. Frente a esta postura, Alhora propone una enmienda a la totalidad a la política de pactos en Madrid bajo el lema «Fora Espanya», abogando por el bloqueo institucional y el enfrentamiento directo con el Estado.
Pese a la agitación en las bases, la dirección de ERC se apoya en los datos demoscópicos para mantener su hoja de ruta. Según sondeos internos de la formación, los republicanos se situarían como segunda fuerza en Cataluña el 29-N, obteniendo un 21,8% de los sufragios y 10 escaños. De cumplirse estos pronósticos, la estrategia de Oriol Junqueras y el liderazgo de Rufián saldrían reforzados, dificultando las aspiraciones de quienes demandan un relevo en la cúpula parlamentaria de Madrid.
Por su parte, la formación Alhora se enfrenta al reto de la representación institucional tras no haber logrado escaños en los pasados comicios autonómicos ni en el Ayuntamiento de Barcelona. Aunque su campaña ha logrado visibilidad mediante la crítica a la gestión de infraestructuras como Renfe y la denuncia de la supuesta connivencia de los partidos tradicionales con el Estado, las encuestas publicadas hasta la fecha no le garantizan la entrada en el Congreso de los Diputados.
El escenario electoral del 29 de noviembre medirá, por tanto, el peso real del desencanto en el bloque independentista. Mientras la dirección de ERC apuesta por consolidar su influencia en la política nacional española a través de alianzas transversales, sus críticos advierten de que el voto secreto podría castigar estas decisiones en favor de opciones que propugnan una ruptura total con las instituciones estatales.


