miércoles, junio 24, 2026
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SEPE registra 740.000 fijos discontinuos ausentes del paro

La cifra invisible: por qué cientos de miles no aparecen en las listas de desempleo

Los registros administrativos del empleo no siempre reflejan la realidad cotidiana de quienes trabajan de forma discontinua. El SEPE señala la existencia de más de 740.000 trabajadores fijos discontinuos que, pese a no estar activos en un momento dado, no figuran como demandantes de empleo. Esto plantea una cuestión central: ¿las estadísticas oficiales están midiendo correctamente el paro real y la precariedad estructural?

La respuesta pasa por entender la naturaleza de algunos contratos que, aunque se catalogan como «indefinidos», obedecen a la estacionalidad de sectores como la hostelería, la agricultura o eventos culturales. Un camarero que trabaja ocho meses al año o un contratista que presta servicios solo en temporadas altas pueden no inscribirse en las listas del paro por falta de información, trámites o por no percibir prestaciones. Ese vacío estadístico reduce la visibilidad de la precariedad.

Pluriactividad: la estrategia de supervivencia que oculta vulnerabilidades

Una parte importante de la fuerza laboral combina varios empleos para llegar a fin de mes. Más de 800.000 personas en España desempeñan dos o más ocupaciones simultáneamente, una situación que refleja tanto la insuficiencia salarial como la fragmentación del mercado. La pluriactividad es un termómetro de precariedad: indica que el mercado ofrece puestos insuficientes en horas o remuneración.

  • Ejemplo: una conductora de VTC que completa su jornada con trabajo en un supermercado durante las mañanas.
  • Ejemplo: técnicos de montaje contratados en diferentes festivales que alternan contratos por proyecto con trabajos de temporada.
  • Ejemplo: profesores asociados que compaginan docencia con actividades de consultoría para cubrir sus ingresos.

Esta multiplicidad de empleos impacta negativamente en la productividad individual y en la estabilidad laboral, y dificulta el acceso a prestaciones sociales coherentes. Además, complica las estadísticas: una persona que trabaja a tiempo parcial en dos empresas puede no ser captada como desempleada aunque no tenga condiciones de empleo sostenibles.

Productividad y tiempo efectivo de trabajo: señales preocupantes

Más allá de la cantidad de empleos, preocupa la productividad por trabajador. En comparación con niveles previos a la última década, la productividad por ocupado ha mostrado signos de estancamiento o retroceso en ciertos periodos, lo que sugiere que la creación de puestos no se traduce en mayores resultados económicos por persona.

También se observa una reducción de la jornada efectiva media en el sector privado, en parte por mayor tiempo parcial y por ausencias relacionadas con salud o permisos. Estos factores inciden en la capacidad productiva del país y en la sostenibilidad de salarios más altos a medio plazo.

Quiénes sufren más: jóvenes, mujeres y microempresas

El impacto no es uniforme. La juventud suele ser la primera en experimentar incrementos de paro en periodos de desaceleración, al ocupar puestos temporales y de menor cualificación. Las mujeres también soportan una mayor proporción de empleo parcial, muchas veces por la falta de alternativas como servicios de cuidado accesibles.

Por otro lado, las micro y pequeñas empresas, que representan un tejido amplio del país, no siempre generan empleos estables ni completos. Cuando la creación neta de empleo proviene fundamentalmente de medianas y grandes compañías, el dinamismo no se distribuye de manera homogénea.

Medir mejor para intervenir mejor: propuestas prácticas

Corregir la distorsión estadística y mejorar la calidad del empleo exige acciones coordinadas entre administraciones, empresas y agentes sociales. Algunas medidas concretas que podrían implementarse son:

  • Actualizar los criterios de registro laboral para que los fijos discontinuos se contabilicen como parte de la población susceptible de recibir apoyo en periodos de inactividad.
  • Crear mecanismos de prestaciones proporcionales y portables para trabajadores intermitentes, de modo que la protección social acompañe a la persona y no solo al contrato.
  • Incentivar la contratación a jornada completa de calidad mediante bonificaciones temporales y formación vinculada a puestos estables.
  • Desarrollar programas de reconversión profesional centrados en sectores con demanda sostenida (energías renovables, tecnología sanitaria, digitalización).
  • Mejorar la oferta de guarderías y servicios de cuidado para aumentar la participación laboral femenina.

Además, fomentar plataformas públicas de intermediación laboral que integren datos de empleadores estacionales ayudaría a reducir los desajustes entre demanda y oferta. Auditorías laborales enfocadas en el uso indebido de contratos discontinuos también contribuirían a elevar la calidad del empleo.

Balance y apuesta a futuro: cómo transformar las cifras en oportunidades

La coexistencia de alta afiliación a la Seguridad Social con una proporción significativa de empleos fragmentados revela que el problema no es únicamente cuantitativo. Hay que ajustar la lectura de las estadísticas para captar la realidad laboral completa y diseñar políticas que prioricen la estabilidad y la productividad.

Si se logra que los datos invisibles —los trabajadores con contratos intermitentes, los pluriactivos y quienes laboran a tiempo parcial por necesidad— formen parte del análisis habitual, será posible orientar recursos hacia medidas de impacto real: formación, protección social adaptada y reglas laborales que incentiven empleos de mayor calidad. Solo así las cifras dejarán de ser un síntoma y se convertirán en la base de una recuperación inclusiva y sostenible.

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