viernes, enero 30, 2026
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Arturo Pérez-Reverte y sus churros favoritos en Sevilla

El Vínculo Indeleble de un Escritor con Sevilla: Más Allá de las Letras

El reconocido escritor, figura prominente en el panorama literario español, no solo cautiva a su público con tramas épicas y personajes inolvidables, sino que también comparte fragmentos de su día a día a través de sus plataformas digitales. En estas interacciones, a menudo revela sus predilecciones y los rincones que considera santuarios personales. Entre estos lugares, la ciudad de Sevilla ocupa un espacio privilegiado, convirtiéndose en mucho más que un simple telón de fondo para sus narrativas; es un destino recurrente donde encuentra inspiración y los placeres cotidianos que tanto aprecia. Su conexión con la capital andaluza trasciende lo geográfico, anclándose en una apreciación profunda por su historia, su carácter y, por supuesto, su gastronomía.

El Ritual Matutino: Desayunos con Sabor a Tradición Sevillana

Para Arturo Pérez-Reverte, ciertos rituales son innegociables, especialmente cuando se encuentra en Sevilla. Su jornada en la ciudad a menudo comienza con una experiencia culinaria muy específica que combina dos establecimientos emblemáticos. «Cuando amanezco en Sevilla, mis pasos me llevan a adquirir los churros en la Calentería San Pablo y a descansar el sombrero en el Bar Stratos,» ha comentado en alguna ocasión, haciendo eco de la idiosincrasia local y el valor de lo auténtico. Esta rutina subraya una faceta personal del autor, donde la búsqueda de la autenticidad se traduce en el disfrute de la gastronomía local más arraigada, un contraste fascinante con las batallas y conspiraciones que pueblan sus obras.

Calentería San Pablo: La Meca de los «Calentitos» Hispalenses

La Calentería San Pablo, o simplemente «la Calentería» para los sevillanos, es un verdadero pilar de la tradición churrera en el corazón de Sevilla. Desde su fundación en 1960 por la familia de Rafael Cazorla, quienes heredaron una larga estirpe de maestros churreros, este establecimiento ha perfeccionado el arte de elaborar los «calentitos», como se conocen localmente a los churros. Su reconocimiento no es menor, habiendo sido galardonada con un Solete de la Guía Repsol, un distintivo que celebra aquellos negocios con alma y una marcada personalidad que son el deleite de los residentes.Ubicada estratégicamente en la Calle Murillo, 26, a escasos pasos de la Plaza de la Magdalena, su éxito radica en la maestría con la que preparan sus dos variedades clásicas: los «calentitos de rueda», de textura fina y crujiente, y los «calentitos de papa», más gruesos y esponjosos, reminiscencia de las porras pero con el inconfundible sello andaluz. El acompañamiento ideal es, sin duda, su chocolate espeso, ideal para un mojar sin reparos. Además, sorprenden a su clientela con unas patatas fritas artesanales, cortadas con precisión y fritas en grandes recipientes, que muchos adquieren en tradicionales cartuchos de papel. Este local se ha erigido como un referente absoluto para los amantes del buen desayuno en la ciudad.

Bar Stratos: Punto de Encuentro con Carácter y Estilo

Tras recoger sus «calentitos», el trayecto del escritor culmina en el Bar Stratos, un establecimiento que encarna la evolución de la hostelería sevillana. Este espacio representa una fusión ingeniosa entre la calidez de un bar de barrio y una estética contemporánea, logrando un ambiente que es, a la vez, familiar y moderno. Con techos altos, una luminosidad natural que invita a la estancia y una decoración que combina azulejos blancos con toques rojos, el Stratos ofrece una experiencia visual tan atractiva como su propuesta culinaria.La carta del Bar Stratos, aunque concisa, es un acierto rotundo, priorizando la calidad del producto sobre la complejidad. Aquí, la tradición se reinventa en platos sencillos pero memorables. Es un lugar donde se valora la esencia de la cervecería de toda la vida, pero con un enfoque renovado. Su oferta para el desayuno va más allá de lo habitual, incluyendo desde tostadas de carne mechada hasta opciones con jamón y queso o pringá, con precios que oscilan entre los dos euros y medio y los tres euros, dependiendo del complemento. Además, cuenta con una variada selección de bebidas, desde cervezas artesanas hasta vermuts y los tradicionales vinos generosos de la región, como la manzanilla.

La Filosofía de un Buen Tabernero: El Legado de Stratos

El Bar Stratos se enorgullece de su historia y de la filosofía que lo sustenta, la cual atribuyen a la máxima de que «donde haya un buen tabernero con el clásico carácter sevillano, la comida no puede fallar». Esta premisa encuentra su encarnación en Paco López, cuñado del recordado Manolo Domenech, ex-futbolista que transformó su bar en uno de los referentes gastronómicos de Sevilla. Paco ha asumido el desafío de no solo preservar el legado de su cuñado, sino de enriquecerlo, manteniendo viva la llama de la excelencia culinaria y la satisfacción del cliente.Aquellos que aún rememoran la incomparable pringá de Manolo o su afamado montadito de mechá, reconocen en el Stratos la continuidad de una tradición de sabores que se graban en la memoria. Paco, al tomar las riendas tras el fallecimiento de Manolo, ha logrado que el bar siga siendo un punto de referencia para sevillanos y visitantes, consolidando su reputación y el aprecio de figuras como Pérez-Reverte, quien con su elección valida la autenticidad y el encanto de estos rincones de la ciudad.

Sevilla, Eje Vital e Inspirador para el Narrador

La relación de Pérez-Reverte con Sevilla es recíproca y profunda. La ciudad le ha concedido el título de Hijo Adoptivo, un honor que él mismo ha valorado, destacando cómo Sevilla se «lee como un libro de historia». Su fascinación por la ciudad se extiende más allá de lo gastronómico. Es un ferviente admirador de la estética y el dramatismo de la Semana Santa sevillana, declarándose «devoto artísticamente» de imágenes como El Cachorro, cuya mirada al cruzar el puente de Triana ha descrito en artículos memorables como la máxima expresión del ser humano frente a su destino.Además, la capital hispalense es un personaje más en muchas de sus novelas. En La piel del tambor, Sevilla se presenta con sus claroscuros, con escenarios como la ficticia Iglesia de Nuestra Señora de las Lágrimas. En las aventuras del Capitán Alatriste, la Sevilla del Siglo de Oro emerge como una vibrante «Babilonia de España», puerta de las Indias, donde se dibujan el Arenal y la Cárcel Real con una crudeza magistral. Incluso en su trilogía de Falcó, el espía Lorenzo Falcó transita por las calles sevillanas, revelando una ciudad de contrastes durante la posguerra. Estos detalles literarios consolidan su lazo con Sevilla, mostrándola no solo como un escenario, sino como una musa constante que nutre su obra y su vida personal.
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