El Velo de Incertidumbre sobre el Paradero del Rey Emérito
La noticia del fallecimiento de la princesa **Irene de Grecia** el 15 de enero pasado trajo consigo no solo un momento de luto para la familia real, sino también un renovado interés en la figura del **rey emérito Juan Carlos I**. La ausencia del antiguo monarca en los actos de despedida de su cuñada generó una ola de interrogantes y diversas interpretaciones sobre su ubicación exacta en esos días tan señalados. Inicialmente, se esperaba que el **rey Juan Carlos** se desplazara a Madrid para unirse a la familia y, posteriormente, acudir al funeral en Atenas, siguiendo el precedente de la muerte del rey Constantino. Sin embargo, estos planes fueron abruptamente cancelados, alimentando un misterio que continúa hasta hoy.
Dos Relatos: Prescripción Médica o Compromiso Festivo
La versión oficial, difundida por el círculo cercano al **rey emérito**, apuntaba a una estricta recomendación médica. Se argumentó que los especialistas aconsejaron a **Juan Carlos I** evitar viajes prolongados y consecutivos, citando su delicada **salud** cardíaca como la razón principal. Esta explicación, aunque comprensible, no logró disipar del todo las dudas, especialmente al considerar sus desplazamientos previos, como sus recientes visitas a Sanxenxo. Estos viajes frecuentes planteaban una contradicción para muchos observadores, sugiriendo que las razones de su ausencia podrían ser más complejas que una simple indicación médica. Algunos especulaban con la posibilidad de que la imposibilidad de alojarse en el Palacio de La Zarzuela, su antigua residencia, hubiera influido en su decisión de no asistir al velatorio.
La Pista de Ginebra y la Influencia de las Redes Sociales
Una nueva hipótesis surgió gracias a la actividad en redes sociales, que sugirió una ubicación muy diferente para el **rey Juan Carlos** durante los días clave. El mismo 15 de enero, día de la **muerte de Irene de Grecia**, el jeque Khalid Al Badr Mohammed Ahmed Al-Sabah, una personalidad influyente de Kuwait, compartió una fotografía en Instagram donde aparecía junto al exmonarca. En la imagen, el **rey Juan Carlos**, que entonces contaba con 88 años, mostraba un semblante cansado y vestía ropa deportiva, una imagen que contrastaba con la seriedad del luto familiar. Al día siguiente, el mismo jeque publicó más imágenes que documentaban la celebración del 74º cumpleaños del rey Fuad II de Egipto en **Ginebra**. Aunque el **rey emérito** no aparecía en estas fotografías de la fiesta, la secuencia de publicaciones encendió las alarmas y desató la especulación sobre su posible presencia en la fastuosa celebración.
La fiesta tuvo lugar en el exclusivo Bar des Bergues del hotel Four Seasons en la ciudad suiza, un lugar conocido por ser punto de encuentro de la realeza y figuras destacadas. Es un hecho conocido que el **rey Juan Carlos** mantiene una relación cercana con los dueños de este prestigioso establecimiento, donde se ha hospedado en múltiples ocasiones, añadiendo más peso a la teoría de su asistencia. Este episodio subraya cómo las redes sociales pueden alterar las narrativas oficiales y alimentar la intriga pública en torno a las figuras de la realeza.
La Versión de Abu Dabi: Un Monarca Convaleciente y Conmocionado
Frente a la teoría de la celebración en **Ginebra**, el entorno del **rey Juan Carlos** ha insistido firmemente en su permanencia en **Abu Dabi**. Según estas fuentes, el **rey emérito** se encontraba en su residencia de Emiratos Árabes Unidos, acatando las directrices médicas. Se describió a un **Juan Carlos I** profundamente entristecido y afectado por la imposibilidad de viajar a España para acompañar a la reina Sofía y al resto de la familia en un momento tan doloroso. Rechazaron categóricamente cualquier insinuación de su presencia en actos sociales en **Ginebra** el 15 de enero o días posteriores, asegurando que su estado de ánimo y de **salud** no eran propicios para tales eventos.
Conclusión: Entre el Deber Familiar y la Realidad de la Distancia
La dualidad de relatos sobre el paradero de **Juan Carlos I** en un momento tan sensible como la **muerte** de su cuñada, **Irene de Grecia**, deja un espacio abierto a la especulación. Lo que permanece innegable es la imagen de una reina Sofía arropada por sus hijos, incluida la princesa Leonor y la infanta Sofía, y gran parte de sus nietos en La Zarzuela, sin la presencia del **rey emérito**. Este evento particular resalta la complejidad de la vida pública de los miembros de la realeza, donde la privacidad y el **protocolo** se enfrentan a menudo con la escrutinio mediático y las distintas versiones que emergen de su entorno, manteniendo siempre un halo de misterio.


