El Atlético de Madrid afronta una incompatibilidad logística de cara a una hipotética final de la UEFA Champions League el próximo 30 de mayo. La celebración del primero de los diez conciertos programados del artista Bad Bunny en el estadio Riyadh Air Metropolitano impedirá que el club habilite pantallas gigantes para sus aficionados en el recinto, así como el uso del campo para una eventual celebración al día siguiente, 31 de mayo.
La cita europea en el Puskás Arena de Hungría coincide temporalmente con el inicio de la gira del cantante puertorriqueño en la capital española. Esta situación, motivada por compromisos contractuales y el complejo montaje técnico necesario para los eventos musicales, privará a la masa social de repetir la operativa de la reciente final de la Copa del Rey, jornada en la que el estadio acogió a cerca de 30.000 seguidores para seguir el encuentro frente a la Real Sociedad.
El escenario actual guarda similitudes con lo ocurrido en el año 2016, durante la final de Milán. En aquel momento, el club no pudo abrir el Estadio Vicente Calderón debido a las labores de preparación para un concierto de Paul McCartney. En aquella ocasión, la alternativa fue el Palacio de Deportes, actual Movistar Arena; sin embargo, esta opción presenta dificultades para este año, puesto que el recinto tiene programadas dos actuaciones del grupo La Oreja de Van Gogh para los días 29 y 31 de mayo.
Desde la perspectiva institucional y financiera, la explotación del estadio para eventos no deportivos constituye un pilar estratégico para la entidad. Se estima que las actuaciones de Bad Bunny reportarán al Atlético de Madrid unos ingresos de entre 12 y 15 millones de euros. Actualmente, la gestión de eventos y conciertos genera aproximadamente el 15% de los ingresos totales del club, una cifra que el pasado ejercicio alcanzó los 20 millones de euros anuales.
Ante la falta de disponibilidad de las instalaciones habituales, la administración local y el club barajan la instalación de pantallas gigantes en espacios públicos de Madrid, siguiendo el modelo organizativo empleado por el Ayuntamiento durante la pasada Eurocopa de 2024. Esta medida permitiría gestionar la afluencia de público en puntos neurálgicos de la ciudad bajo la supervisión de los cuerpos de seguridad.
En una situación paralela, el FC Barcelona también se encuentra en la búsqueda de espacios alternativos para sus celebraciones deportivas. Las obras de remodelación que se ejecutan en la Rambla impiden el acceso a la tradicional fuente de Canaletas. El Ayuntamiento de Barcelona y la directiva del club catalán trabajan conjuntamente con la Guardia Urbana para designar una nueva ubicación que garantice la seguridad ciudadana ante la posible consecución del título de Liga.


