Expertos advierten sobre la expansión global del virus chikungunya hacia regiones templadas por el cambio climático
El Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC) ha reportado cerca de 33.000 casos sintomáticos de chikungunya y al menos nueve fallecimientos en lo que va de 2026, concentrados mayoritariamente en América del Sur. Sin embargo, una reciente investigación publicada en la revista Frontiers in Cellular and Infection Microbiology alerta sobre un desplazamiento del riesgo hacia latitudes del norte, incluyendo Europa central, el noreste de Norteamérica y el este de Asia, impulsado por el aumento de las temperaturas globales.
Según el estudio liderado por Ye Xu, investigador de la Universidad Médica China de Zhejiang (ZCMU), actualmente 139 países o regiones —que representan el 21,3% de la superficie terrestre mundial— se consideran zonas de riesgo para la transmisión de este virus. Los modelos climáticos aplicados en la investigación proyectan que, bajo diversos escenarios del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), el patógeno ampliará su distribución antes de finales de siglo debido a la modificación de los hábitats de sus vectores.
El factor determinante en esta expansión geográfica es la adaptabilidad del mosquito tigre asiático (Aedes albopictus). A diferencia del Aedes aegypti, vector principal en zonas tropicales, el mosquito tigre presenta una mayor tolerancia a las temperaturas frías. Yang Wu, del Centro de Tecnología de Aduanas de Guangzhou y coautor del estudio, señala que este insecto explica más del 70% de la distribución prevista del virus, permitiendo su establecimiento en regiones templadas donde anteriormente el clima impedía su supervivencia.
En el contexto europeo, Jordi Figuerola, investigador de la Estación Biológica de Doñana (EBD), destaca que la presencia del mosquito tigre ya ha facilitado brotes autóctonos limitados en países como Francia e Italia. En España, esta especie exótica se detectó por primera vez en 2004 y mantiene una presencia consolidada en el levante peninsular, Cataluña, Valencia, Murcia, así como en zonas de Andalucía y Extremadura. Figuerola advierte que el riesgo de transmisión local se incrementa con la llegada de viajeros infectados procedentes de regiones endémicas.
La enfermedad, clasificada por la Organización Mundial de la Salud como una dolencia tropical desatendida, se caracteriza por provocar fiebre alta, dolores articulares y musculares intensos, cefaleas y erupciones cutáneas. Aunque la infección en humanos suele ser de corta duración, su capacidad de expansión hacia zonas urbanas altamente pobladas representa un desafío creciente para las autoridades sanitarias en regiones donde el virus no ha sido históricamente una preocupación rutinaria.
Ante este escenario, la comunidad científica insta a los sistemas de salud pública a fortalecer la vigilancia epidemiológica y el control de vectores en áreas habitadas. Las recomendaciones prioritarias incluyen la formación de personal médico para el diagnóstico rápido de casos importados y la implementación de planes de respuesta inmediata. El estudio concluye que la combinación de políticas para limitar el calentamiento global y el refuerzo de la preparación sanitaria son elementos críticos para mitigar la vulnerabilidad de las nuevas zonas de riesgo.


