Eugenia Martínez de Irujo, duquesa de Montoro, mantiene su residencia principal en un inmueble situado en la calle Princesa de Madrid, ubicado estratégicamente frente al Palacio de Liria. La vivienda, que comparte con su marido Narcís Rebollo, se ha consolidado como un espacio que refleja una estética bohemia y personal, distanciándose de la sobriedad clásica característica de las propiedades históricas de la Casa de Alba.
El domicilio destaca por una propuesta decorativa definida por la propia aristócrata como «hippie chic», donde predominan los colores intensos, las texturas de terciopelo y una abundante presencia de elementos textiles de origen étnico. El salón principal, orientado hacia los jardines del palacio familiar, funciona como eje central de una vivienda que prioriza el confort y la expresión artística sobre el protocolo heráldico tradicional, integrando obras de arte contemporáneo y lienzos realizados por la propia Martínez de Irujo.
Una de las estancias más relevantes del piso es el taller de pintura, un espacio diseñado para maximizar la entrada de luz natural a través de amplios ventanales. Esta zona técnica, dedicada a la creación pictórica, se complementa con un comedor de estilo ecléctico donde se utilizan vajillas de loza colorida y mobiliario de madera robusta, huyendo de los estándares de la cubertería de plata o los escudos nobiliarios que suelen acompañar a los entornos de su linaje.
La distribución de la casa está plenamente adaptada a la convivencia con animales, permitiendo el libre movimiento de sus perros y mascotas exóticas, como cerdos minipig, por las estancias de techos altos. Esta configuración responde a una voluntad de crear un ambiente familiar y funcional, situado en un tramo señorial del distrito Moncloa-Aravaca, muy próximo a puntos de interés cultural como el Templo de Debod y la recientemente reformada Plaza de España.
La elección de esta ubicación posee una fuerte carga institucional y emocional para la duquesa. Al residir frente al Palacio de Liria, edificio del siglo XVIII reconstruido por su madre, Cayetana Fitz-James Stuart, tras la Guerra Civil, Eugenia Martínez de Irujo logra un equilibrio entre la independencia personal y la cercanía al centro neurálgico de la Casa de Alba en Madrid. Este posicionamiento le permite participar en la vida familiar y los eventos culturales del palacio sin renunciar a la privacidad de una vivienda propia.
Finalmente, este entorno residencial simboliza la herencia recibida de la última duquesa de Alba, de quien Eugenia Martínez de Irujo ha reivindicado la libertad personal y la inclinación por el arte como valores fundamentales. A pesar de haber descrito su infancia bajo una educación estricta y solitaria, la actual configuración de su hogar en la calle Princesa representa la consolidación de un estilo de vida propio que respeta el legado histórico familiar desde una perspectiva contemporánea y urbana.


