miércoles, junio 24, 2026
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ADN humano de 2.000 años en cuevas de España y Portugal

Identifican ADN humano de más de 2.000 años en paredes de cuevas de la península ibérica

Un equipo internacional de científicos ha logrado recuperar restos de ADN humano con una antigüedad mínima de 2.000 años adheridos a las paredes de diversas cuevas en España y Portugal. El hallazgo, publicado en la reciente edición de la revista Nature Communications, constituye la primera evidencia de que las superficies rupestres pueden actuar como archivos biológicos capaces de preservar material genético durante milenios, abriendo una nueva frontera en el campo de la arqueogenética.

La investigación ha sido liderada por Hipólito Collado, jefe de la sección de Arqueología de la Dirección General de Patrimonio Cultural de la Junta de Extremadura, en colaboración con el Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva de Alemania y equipos de investigación de Reino Unido, China y Portugal. El trabajo se ha desarrollado bajo el paraguas del proyecto FIRST ART, una iniciativa que nació para investigar el arte rupestre de la cueva de Maltravieso (Cáceres) y que ha expandido sus objetivos hacia la caracterización química y biológica de las estaciones de arte prehistórico en toda la península.

El estudio se centró en el análisis exhaustivo de 24 paneles de arte rupestre distribuidos en once cavidades distintas. Entre las localizaciones analizadas figuran la cueva de Altamira, en Cantabria; la cueva de Escoural, en Portugal; y la cueva del Covarón, en Asturias. Los investigadores emplearon técnicas de secuenciación de última generación para examinar fragmentos de pared con y sin pigmento, sedimentos y herramientas prehistóricas, con el fin de explorar fuentes de ADN alternativas a los métodos tradicionales basados en restos óseos.

Los resultados más significativos se obtuvieron en la cueva de Escoural y en El Covarón. En estas ubicaciones, los científicos detectaron ADN humano antiguo no solo en costras calcíticas pigmentadas, sino también en zonas de la pared sin rastro de pintura, que inicialmente habían sido seleccionadas como controles negativos. De las muestras recuperadas se ha podido identificar el perfil genético de al menos cuatro individuos: tres mujeres y un hombre, todos con una antigüedad superior a los dos milenios.

Alba Bossoms Mesa, investigadora del Instituto Max Planck y primera autora del estudio, ha señalado que, aunque los rastros genéticos no pueden vincularse de manera inequívoca con la creación de las pinturas rupestres, el hallazgo confirma la capacidad de las paredes para retener información biológica de las poblaciones que habitaron o transitaron por estas cavidades. Por su parte, Hipólito Collado destacó que el objetivo principal es comprender el uso integral de las cuevas por parte de los grupos humanos y la localización precisa de sus huellas físicas.

Este avance institucional y científico plantea un cambio de paradigma en la arqueología moderna. Al demostrar que las paredes de las cuevas funcionan como depósitos de datos genéticos, se abre la posibilidad de ampliar el estudio de la actividad humana antigua a través de técnicas mínimamente invasivas. Este método permitirá en el futuro obtener información demográfica y biológica en yacimientos donde la ausencia de restos óseos o herramientas había limitado hasta ahora el conocimiento sobre sus antiguos ocupantes.

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