Un estudio internacional vincula el vapeo y el tabaquismo con una reducción del 15% en la condición física de los jóvenes
Una investigación multicéntrica publicada este martes en la revista especializada ERJ Open Research ha revelado que los adultos jóvenes que utilizan cigarrillos electrónicos o consumen tabaco convencional presentan una capacidad física un 15% inferior en comparación con aquellos que nunca han fumado ni vapeado. El estudio asocia este descenso al deterioro de la funcionalidad de los vasos sanguíneos y a una menor eficiencia respiratoria durante el esfuerzo físico.
El equipo de investigación, integrado por diez científicos de instituciones de Reino Unido, Canadá, Egipto, Estados Unidos y Lituania, analizó a 75 personas de entre 18 y 30 años con perfiles de salud y estilos de vida similares. Los resultados concluyen que, a pesar de presentar una función pulmonar normal en reposo, los usuarios de estos dispositivos experimentan una fatiga intensa en las piernas y una dificultad respiratoria prematura al realizar ejercicio.
Azmy Faisal, investigador de la Universidad Metropolitana de Manchester y autor principal del estudio, señaló que tanto el vapeo como el tabaquismo provocan cambios perjudiciales en la captación de oxígeno. «Al igual que fumar, nuestra investigación indica que el vapeo puede provocar cambios perjudiciales en los vasos sanguíneos y en la eficiencia pulmonar durante el ejercicio», explicó Faisal, subrayando que estos hallazgos son críticos para la población joven que percibe el vapeo como una alternativa inocua.
Para la realización del estudio, los voluntarios se dividieron en tres grupos: no fumadores, fumadores de tabaco convencional y vapeadores que nunca habían fumado previamente. Cada participante fue sometido a una prueba de ejercicio incremental en bicicleta, monitorizando sus respuestas cardíacas, respiratorias y los niveles de lactato en sangre. Los datos mostraron que los grupos de fumadores y vapeadores alcanzaban antes el umbral de acumulación de ácido láctico, lo que limita significativamente su rendimiento máximo.
Complementariamente, se realizaron ecografías y análisis de sangre que evidenciaron signos de inflamación en las arterias de los consumidores de nicotina, ya sea vía electrónica o tradicional. Los investigadores advierten que, aunque los cigarrillos electrónicos puedan contener menos sustancias cancerígenas que el tabaco, su uso está asociado a daños en el ADN y a procesos inflamatorios que aumentan el riesgo de patologías pulmonares crónicas a largo plazo.
Este hallazgo proporciona, según los autores, información crucial para los profesionales sanitarios y las autoridades reguladoras. El estudio pone de manifiesto la dificultad de justificar el uso de estos dispositivos entre jóvenes que no los utilizan como método de cesación tabáquica, dadas las consecuencias directas sobre su salud cardiovascular y muscular.
De cara al futuro, el equipo internacional planea realizar estudios mediante resonancia magnética para profundizar en los mecanismos subyacentes que afectan al corazón y los músculos esqueléticos. El objetivo final es comprender con mayor precisión cómo estos productos alteran la fisiología humana en etapas tempranas de la vida adulta.


