Estados Unidos e Irán avanzan hacia un acuerdo para cesar las hostilidades y reabrir el estrecho de Ormuz
Las delegaciones diplomáticas de Estados Unidos e Irán han logrado avances significativos en las negociaciones destinadas a poner fin al conflicto bélico iniciado el pasado 28 de febrero y restablecer la libre navegación en el estrecho de Ormuz. Según fuentes de ambos gobiernos y mediadores internacionales, las partes ultiman un memorando de entendimiento que podría formalizarse en los próximos días, bajo la mediación de Pakistán, país que prevé albergar una nueva ronda de contactos en Islamabad de manera inminente.
El presidente estadounidense, Donald Trump, ha calificado el desarrollo de las conversaciones como «ordenado y constructivo», aunque ha subrayado la necesidad de no apresurar el cierre definitivo del pacto para evitar errores técnicos o de seguridad. A través de sus canales oficiales, el mandatario norteamericano ha reiterado que el bloqueo marítimo impuesto sobre los puertos iraníes desde mediados de abril se mantendrá vigente hasta la firma del documento, enfatizando que cualquier resolución debe garantizar que Irán no desarrolle armamento nuclear.
Los borradores del acuerdo, filtrados por medios de ambos países, contemplan una tregua inicial de 60 días. Durante este periodo, se procedería a la reapertura gradual del estrecho de Ormuz, un punto estratégico para el comercio energético global que permanece bajo control iraní y con tránsito limitado desde el inicio de la guerra. Mientras que fuentes estadounidenses sugieren una normalización total del tráfico, la agencia iraní Tasnim señala que el proceso será escalonado y no implicará necesariamente un retorno inmediato al statu quo previo a las hostilidades.
En el ámbito económico, el memorando incluiría la suspensión temporal de determinadas sanciones impuestas por Washington contra Teherán. Esto permitiría a la República Islámica retomar la exportación de crudo y acceder a una parte de sus fondos soberanos que se encuentran congelados en entidades financieras extranjeras. Estas medidas buscan incentivar el cumplimiento de los compromisos de desescalada militar en todos los frentes activos.
No obstante, la inclusión del programa nuclear en el acuerdo sigue siendo el principal punto de fricción. Informes vinculados a la Casa Blanca sostienen que el borrador compromete a Irán a renunciar a la búsqueda de armas atómicas. Por el contrario, medios oficiales en Teherán aseguran que las cláusulas nucleares han sido postergadas para una fase de negociación posterior a la firma del cese de hostilidades, manteniendo el derecho al enriquecimiento de uranio con fines pacíficos bajo el Tratado de No Proliferación.
El presidente iraní, Masud Pezeshkian, ha manifestado la disposición de su país para ofrecer garantías internacionales sobre la naturaleza civil de su programa atómico, aunque ha advertido que su equipo negociador mantendrá la firmeza en lo que respecta a la soberanía nacional. Esta postura coincide con la ambigüedad oficial de las autoridades de Teherán, que han evitado pronunciamientos definitivos durante la jornada de este domingo.
La comunidad internacional ha seguido con cautela el progreso de las conversaciones. La Unión Europea y el Reino Unido han celebrado la posibilidad de un acuerdo que garantice la libertad de navegación, aunque han condicionado su respaldo a la existencia de garantías verificables sobre la seguridad nuclear. Por su parte, el Gobierno de Israel ha expresado su preocupación, exigiendo que cualquier pacto incluya el desmantelamiento de las infraestructuras de enriquecimiento de uranio en territorio iraní.
Finalmente, el Ministerio de Asuntos Exteriores de Pakistán ha confirmado su rol activo como facilitador del diálogo. Tras un intento previo en abril que no arrojó resultados definitivos, las autoridades pakistaníes confían en que la próxima reunión en Islamabad sirva para consolidar los puntos acordados y proceder a la firma de un tratado que estabilice la región del Golfo Pérsico.


