La España pos-23F: Un periodo de inquietud y conspiraciones latentes
La **transición española** hacia la democracia, si bien celebrada por su carácter pacífico, estuvo plagada de tensiones y amenazas persistentes. El **fallido golpe de Estado del 23 de febrero de 1981** fue solo una manifestación visible de un descontento mucho más profundo en ciertos sectores militares. Lejos de disipar las aspiraciones golpistas, esta intentona pareció, para algunos, una prueba de que aún era posible revertir el curso democrático del país. Recientes **archivos liberados** han arrojado luz sobre la existencia de, al menos, dos planes golpistas adicionales que se gestaron tras aquel evento traumático, subrayando la fragilidad de la joven democracia y la determinación de aquellos que buscaban desestabilizarla.
La visión radical de un cambio forzado: El «documento manuscrito»
Entre los documentos que ahora ven la luz, destaca un **manuscrito anónimo** que detalla una filosofía de acción para los descontentos. Este escrito, titulado ‘Documentación con una presunta planificación del golpe, manuscrita (1980)’, presenta una dicotomía severa para los conspiradores: actuar como «soldados leales a España» o resignarse a lo que consideraban una **»gradual erosión»** del Estado desde las propias instituciones. La pieza es explícita al señalar a la figura del **Rey Juan Carlos I** como un «blanco prioritario» en cualquier nueva intervención militar, a diferencia de la percepción que muchos tenían de su rol en el 23-F. Las recomendaciones del documento eran prácticas: desde establecer **centros de información clandestinos** hasta usar códigos y alias, y mantener una fachada de respeto por la Constitución y el sistema político mientras se urdían los planes en la sombra. Es un testimonio de la mentalidad de quienes, desde la clandestinidad, buscaban subvertir el orden establecido.
El pulso de junio de 1981: Entre la onomástica y el «golpe a la turca»
Poco después del 23-F, las conspiraciones continuaron desarrollándose con nuevas fechas y actores en el punto de mira. Un segmento de los documentos menciona la inminencia de otra operación militar, situada temporalmente entre el fallido golpe de febrero y el 24 de junio de 1981. Este último día, la **onomástica del Rey Juan Carlos I**, que tradicionalmente se celebraba con una importante concentración de autoridades en el Palacio Real, era vista como una **oportunidad «ideal»**. Se consideraba que las condiciones serían «muy similares a las del 23-F», con la cúpula del Gobierno y otras altas instancias estatales reunidas en un mismo lugar.
En este entramado figuraban nombres como **Jesús González del Yerro**, capitán general que, paradójicamente, había mostrado lealtad al monarca en el 23-F, y **José Luis Cortina Prieto**, comandante de Infantería del CESID. Las opciones contempladas incluían un «golpe rápido» o un **»golpe a la turca»**, una referencia a la intervención militar que disuelve partidos y suprime estructuras autonómicas, supuestamente con una posible (aunque no confirmada) participación real. Los planes incluso consideraban el apoyo de un «sector civil» próximo a **Manuel Fraga Iribarne**, entonces figura relevante de la derecha. La presencia del cuerpo diplomático en la celebración del 24J se perfilaba como el principal obstáculo, revelando la meticulosidad de los preparativos.
Operación Diana: El asalto a la víspera electoral de 1982
La ambición golpista no se detuvo en 1981. Otro plan, conocido como **»Operación Halcón»** y también denominado **»Operación Diana»**, fijaba su mirada en las **elecciones generales del 28 de octubre de 1982**. La fecha más sugerida para la ejecución era el 27 de octubre, día de la **jornada de reflexión**, aprovechando que los líderes políticos estarían en sus domicilios y la atención pública centrada en la inminente votación.
- El plan detallaba minuciosamente la **coordinación de unidades militares**, previendo un «chispazo» simultáneo en Madrid y otras regiones del país, preferiblemente entre las cinco y las seis de la madrugada.
- Se especificaba la **ocupación de puntos estratégicos**, el control absoluto de las comunicaciones (telefónicas y de radio), y la neutralización de los medios de comunicación escritos.
- Un grupo específico, identificado como **»Grupo F»**, tendría la tarea de «neutralizar» al presidente del Gobierno, ministros clave (Defensa, Interior, Autonomías, Exteriores) y a líderes políticos de la talla de **Felipe González**, **Santiago Carrillo** y **Manuel Fraga**.
Esta **planificación exhaustiva** demuestra un nivel de organización y una intención de control total del poder que buscaba capitalizar un momento de gran efervescencia democrática. La revelación de estos complots subraya la resiliencia de la **democracia española** y la constante vigilancia necesaria para salvaguardar las instituciones en periodos de transformación.


