La iniciativa global «Abuse Is Not Love», impulsada por la firma YSL Beauty, ha anunciado una ampliación de sus protocolos de actuación para abordar la violencia de pareja facilitada por la tecnología. Este nuevo enfoque institucional responde a la creciente normalización de conductas de control digital entre los jóvenes, basándose en la investigación académica «Failure to Recognize Technology Facilitated Intimate Partner Violence», elaborada por la psicóloga Nina Jane Patel y publicada en el Stanford Journal of Trust and Safety.
El estudio, que cuenta con un análisis cualitativo realizado con especialistas de diez países, incluido España, advierte de que la delgada línea entre la preocupación y el control digital es cada vez más difusa para las nuevas generaciones. La investigación concluye que prácticas como la exigencia de contraseñas o el rastreo de la ubicación en tiempo real se presentan frecuentemente bajo la apariencia de «pruebas de amor» o «intensidad emocional», lo que dificulta su identificación como dinámicas de abuso.
De acuerdo con el informe de Patel, el factor determinante para diferenciar una relación saludable de una abusiva no es el uso de la tecnología en sí, sino la autonomía del individuo. La capacidad de decidir libremente qué compartir, así como la posibilidad de retirar permisos digitales sin temor a represalias, amenazas o castigos, constituye el eje de la prevención. El documento subraya que la disponibilidad permanente exigida como demostración de afecto es, en realidad, una forma de supervisión constante que vulnera la intimidad.
En este sentido, el programa ha actualizado sus nueve señales de alerta para adaptarlas al entorno digital. Entre estos indicadores destacan el «silencio punitivo» (ignorar mensajes de forma deliberada como castigo), el interrogatorio por interacciones en redes sociales y la imposición de contenidos que la pareja puede o no publicar. Asimismo, se identifican conductas de aislamiento, como obligar a la otra persona a eliminar cuentas o bloquear vínculos personales, debilitando su red de apoyo social.
La investigación también alerta sobre el papel de la inteligencia artificial (IA) en las nuevas formas de coacción. El uso de imágenes manipuladas o «deepfakes» y la extorsión mediante contenido privado generado o alterado tecnológicamente se han incorporado a las herramientas de presión. Según el análisis, el objetivo de estas prácticas no es solo la vigilancia, sino la generación de miedo para condicionar las decisiones de la pareja, independientemente de si el material difundido es real o sintético.
Por otro lado, los expertos señalan que las respuestas tradicionales, como aconsejar a la víctima que bloquee al agresor o se desconecte de internet, pueden resultar contraproducentes. La nota institucional advierte de que estas medidas suelen trasladar la responsabilidad de la solución a quien sufre el abuso y pueden aumentar su aislamiento. El programa «Abuse Is Not Love» apuesta, en cambio, por la educación pública y la formación interna para dotar de vocabulario técnico a los jóvenes, permitiéndoles nombrar estas agresiones invisibles.
Desde su creación en 2020, este programa ha articulado su labor a través de la colaboración con organizaciones sin ánimo de lucro y la investigación académica. Con esta nueva fase, la organización busca trasladar la prevención a los espacios digitales donde se construyen las relaciones contemporáneas, reforzando el mensaje de que la seguridad digital y el respeto a la privacidad son derechos fundamentales que no deben sacrificarse bajo ninguna circunstancia emocional.


