Noruega despide a Harald V con un funeral de Estado marcado por la sobriedad y la continuidad dinástica
La ciudad de Oslo fue este miércoles el escenario del funeral de Estado del rey Harald V, una ceremonia que congregó a las principales casas reales de Europa y que sirvió para formalizar la transición hacia el reinado de su hijo, Haakon VIII. Tras 35 años en el trono, el monarca fue despedido con un acto que equilibró la tradición institucional de la Corona noruega con la austeridad luterana característica del país nórdico.
La jornada comenzó a las 12:00 horas con el traslado del féretro desde el Palacio Real hasta la catedral de Oslo. El cuerpo de Harald V fue transportado sobre un armón de artillería en una procesión que recorrió el centro de la capital ante miles de ciudadanos. El cortejo estuvo encabezado por unidades de la Policía Montada, la Guardia del Rey y las Fuerzas Armadas, seguidos inmediatamente por los miembros de la familia real noruega y los representantes de las monarquías internacionales.
La relevancia institucional del evento quedó reflejada en la presencia de destacados jefes de Estado y miembros de la realeza extranjera. Entre los asistentes se encontraban los reyes de España, Felipe VI y Letizia; los monarcas de Dinamarca, Federico X y Mary; los reyes de los Países Bajos, Guillermo Alejandro y Máxima; así como representantes de las casas reales de Bélgica, Suecia, Mónaco, Luxemburgo, Japón y Jordania. Por parte del Reino Unido, asistieron los príncipes Guillermo y Ana.
El servicio religioso en la catedral de Oslo, templo vinculado históricamente al Parlamento y al Gobierno, se desarrolló bajo la liturgia ordinaria de la Iglesia de Noruega. Durante la ceremonia, se incluyeron elementos simbólicos de la cultura popular noruega, como la interpretación de la canción «Jørgen Hattemaker», una pieza que subraya la igualdad fundamental entre todos los seres humanos. Este gesto fue interpretado como un reconocimiento a la proximidad que Harald V mantuvo con la ciudadanía durante su mandato constitucional.
Uno de los momentos de mayor trascendencia institucional se produjo durante la interpretación del himno real, cuya melodía es compartida con el «God Save the King» británico. En cumplimiento del protocolo sucesorio, el himno se cantó en honor al nuevo monarca, Haakon VIII, escenificando el principio de continuidad de la Corona en el mismo instante en que se despedía al rey fallecido. Simultáneamente, un minuto de silencio en todo el país detuvo la actividad nacional antes de que las campanas de las iglesias anunciaran el inicio del nuevo reinado.
Tras la ceremonia pública, el cortejo se dirigió a la fortaleza de Akershus. En este emplazamiento histórico, se llevó a cabo el entierro en una ceremonia de carácter privado. Harald V fue depositado en la cripta real junto a sus predecesores, Haakon VII y Olav V, cerrando así un ciclo dinástico que comenzó con la independencia de Noruega en 1905.
La jornada concluyó con la primera aparición oficial de Haakon VIII y la reina Mette-Marit en el balcón del Palacio Real, poniendo fin a doce días de duelo nacional. Con este acto, Noruega consolida la estabilidad de su sistema monárquico parlamentario, en una ceremonia que los analistas institucionales han calificado como una representación física de las relaciones diplomáticas y familiares que vinculan a las instituciones europeas.


