sábado, septiembre 12, 2026
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Navy SEAL: Cuatro meses detonando minas en el Estrecho de Ormuz

La Armada de Estados Unidos mantiene operaciones críticas de desminado en el estrecho de Ormuz para restablecer el tráfico comercial

Equipos especializados de la Armada de los Estados Unidos, incluidos buceadores de los Navy SEAL y unidades de desactivación de explosivos (Tedax), han completado cuatro meses de misiones clandestinas para neutralizar minas submarinas en el estrecho de Ormuz. Según informes revelados recientemente por el diario Financial Times, estas operaciones buscan asegurar un corredor de navegación en una de las rutas marítimas más estratégicas del mundo, tras la detección de aproximadamente 80 artefactos explosivos sembrados en la región desde el pasado mes de febrero.

A pesar de la sofisticación tecnológica de la Marina estadounidense, que emplea vehículos submarinos no tripulados como el sistema Knifefish para la detección y el dron Archerfish para la destrucción remota, la intervención humana sigue siendo indispensable. Los buceadores de combate deben descender manualmente en condiciones de visibilidad nula para identificar objetos que los sonares no logran clasificar con precisión y colocar cargas explosivas en puntos críticos, un proceso que explica la prolongación de las tareas de limpieza en el lecho marino.

El impacto económico de la presencia de estos artefactos ha sido severo para el comercio global. Datos de la Organización Marítima Internacional y analistas del sector indican que el tráfico comercial por el estrecho ha caído cerca de un 95%. Mientras que antes del conflicto transitaban entre 125 y 140 buques mercantes diarios, la media actual se sitúa entre cinco y siete embarcaciones. Esta reducción se atribuye no solo al riesgo físico de detonación, sino también a la desconexión deliberada de transpondedores AIS por parte de algunos capitanes para evitar el rastreo.

La seguridad financiera de las travesías se ha convertido en el principal obstáculo para la normalización del mercado energético. Las primas de seguro de guerra se han multiplicado por diez, elevando el coste de cobertura para un superpetrolero típico hasta los 10 millones de dólares por cada cruce del estrecho. Aunque el flujo de petróleo persiste entre los 2 y 5 millones de barriles diarios, solo los buques de gran calado tipo VLCC y Panamax asumen el riesgo de transitar por la ruta meridional, próxima a las costas de Omán, bajo la guía de las fuerzas estadounidenses.

Existe, sin embargo, una discrepancia notable entre los informes políticos y la situación operativa en la zona. Si bien la administración de Donald Trump afirmó recientemente que las aguas internacionales han sido despejadas, el Joint Maritime Information Center mantiene el nivel de amenaza en «severo». La advertencia institucional señala la posible persistencia de minas a la deriva y la incertidumbre generada por las declaraciones de Teherán, cuyo Ministerio de Exteriores asegura que solo Irán conoce la ubicación exacta de la totalidad de los artefactos desplegados.

El coste humano de la permanencia de Estados Unidos en la región, con un despliegue de 50.000 efectivos para proteger el tráfico comercial e interceptar misiles, asciende ya a 18 militares fallecidos y 767 heridos. Los expertos subrayan que el valor estratégico de la mina submarina reside en su capacidad de disuasión; la simple posibilidad de su existencia basta para alterar las rutas de suministro y disparar los costes operativos globales, un desafío que las labores de desminado físico aún no logran mitigar en el plano de la confianza de los armadores internacionales.

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