Nuevos registros de hielo antártico matizan el papel histórico del CO2 en las transiciones climáticas
Dos investigaciones científicas publicadas recientemente en la revista Nature han ampliado el registro directo de gases de efecto invernadero y temperatura oceánica hasta los tres millones de años, revelando que las transiciones climáticas más significativas de este periodo ocurrieron con variaciones mínimas en las concentraciones de dióxido de carbono (CO2) y metano. Estos hallazgos, obtenidos a partir de núcleos de hielo azul en la Antártida, sugieren que otros factores del sistema terrestre, como la circulación oceánica y la reflectividad, tuvieron un peso superior al estimado anteriormente en el enfriamiento global de la era Plio-Pleistoceno.
Los estudios, liderados por la investigadora Julia Marks-Peterson, de la Universidad Estatal de Oregón, y Sarah Shackleton, de la Institución Oceanográfica Woods Hole, analizan muestras extraídas de las colinas de Allan, en la Tierra de Victoria. Hasta la fecha, los registros continuos de hielo solo alcanzaban los 800.000 años, mostrando una correlación estrecha entre el CO2 y los ciclos glaciales. Sin embargo, los nuevos datos extienden esta cronología y ofrecen una perspectiva distinta sobre el inicio de las glaciaciones en el hemisferio norte.
Según el trabajo de Marks-Peterson, los niveles de metano no mostraron cambios sustanciales en los últimos tres millones de años, mientras que el CO2 descendió apenas 20 partes por millón (ppm) entre hace 2,9 y 1,2 millones de años. Por su parte, el equipo de Shackleton detectó un enfriamiento pronunciado de la temperatura media del océano, de entre 2 y 2,5 °C, coincidiendo con la transición Plio-Pleistoceno hace 2,7 millones de años. La estabilidad de los gases de efecto invernadero frente a este descenso térmico indica que el enfriamiento no fue impulsado principalmente por la composición atmosférica.
Gavin Schmidt, director del Instituto Goddard de Estudios Espaciales de la NASA, ha señalado que estos datos sugieren que la disminución del CO2 no fue la causa única ni dominante del enfriamiento que dio inicio a la edad de hielo. Esta interpretación coincide con un comunicado de Nature Asia, donde se apunta que las variaciones en la temperatura oceánica y otros componentes del sistema climático —como la cubierta de hielo, la vegetación y la circulación marina— pudieron tener una influencia determinante en dicho intervalo.
La Asociación de Realistas Climáticos (ARC), entidad que ha traducido y difundido estos trabajos en el ámbito hispanohablante tras la reciente catástrofe meteorológica en Valencia, sostiene que estas evidencias debilitan el consenso actual sobre el peso de las emisiones antropogénicas en el cambio climático. Desde la asociación, que cuenta con expertos como Javier Vinós o Saúl Blanco, se argumenta que el conocimiento científico actual podría no justificar plenamente las medidas de descarbonización que impactan en la economía europea, dada la complejidad observada en los registros históricos de larga escala.
A pesar de la relevancia de los datos, los propios autores de los estudios advierten sobre las limitaciones de los archivos de hielo azul. Al ser registros discontinuos y estar sujetos a procesos posdeposicionales, representan promedios de condiciones climáticas y no ciclos individuales exactos. No obstante, la comunidad científica coincide en que estos hallazgos obligan a revisar los modelos de sensibilidad climática, sin que ello invalide la física básica de la absorción infrarroja de los gases de efecto invernadero, pero sí ajustando su protagonismo en la evolución del clima terrestre a largo plazo.


