Cierre de la Capilla Sixtina y reunión de cardenales para cónclave
La Capilla Sixtina cierra sus puertas
Desde el 28 de abril, la Capilla Sixtina no está abierta al público, ya que los cardenales se concentran para preparar el tan esperado cónclave, donde se seleccionará al sucesor del papa Francisco. La elección está programada para realizarse entre el 5 y el 10 de mayo, tras los Novendiales que seguirán al fallecimiento del Pontífice.
Preparativos y normas del cónclave
Durante el cónclave, los cardenales estarán sujetos a rigurosas normas de secreto. En el tejado de la capilla, se instalará una chimenea desde la cual se verá el humo que anunciará la elección del nuevo Pontífice, un evento de gran importancia para la Iglesia Católica.
Las reuniones comenzarán el mismo lunes a las 9:00 horas, seguido de una segunda sesión a las 17:00 horas. Uno de los temas a tratar será la participación del cardenal Angelo Becciu, quien ha estado envuelto en controversias por irregularidades financieras.
Expectativas para el nuevo Papa
Según el cardenal José Cobo de Madrid, las discusiones iniciales se centrarán en fijar la fecha del cónclave y evaluar el perfil del próximo Papa. Este cónclave se distingue por la diversidad de sus miembros, lo que podría complicar o acortar el proceso de elección.
Se destaca que no solo participarán cardenales de la curia, sino de diferentes partes del mundo, lo que enriquecerá las deliberaciones y las decisiones que se adopten durante el cónclave.
Proceso de elección del nuevo Pontífice
El Vaticano sigue un protocolo de elección que estipula que el cónclave debe llevarse a cabo entre los días 15 y 20 tras la muerte del Papa. En él participarán todos los cardenales menores de 80 años, quienes votarán de manera secreta.
- Se realizarán dos votaciones en la mañana y dos por la tarde.
- El candidato elegido necesita obtener al menos dos tercios de los votos.
Una vez que un candidato logra la mayoría requerida y acepta la elección, se convierte en el nuevo Obispo de Roma. El anuncio se hará mediante una fumata blanca que marcará el fin del cónclave. El cardenal protodiácono será el encargado de declarar al nuevo Papa desde el balcón de la Basílica de San Pedro, dando inicio a un nuevo capítulo en la historia de la Iglesia Católica.


