viernes, mayo 1, 2026
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Antonio Tejero: Cenizas en la iglesia de Torre del Mar

El Último Adiós de una Figura Polémica

El reciente fallecimiento del teniente coronel Antonio Tejero, una figura ineludible en la historia contemporánea española por su implicación en los acontecimientos del 23F, ha suscitado interés sobre el destino de sus restos. Tras un servicio fúnebre inicial en Xàtiva, Valencia, la familia ha delineado un plan para su reposo definitivo, que lo llevará a un lugar de gran significado personal y familiar.

Un Reposo Familiar en la Costa Malagueña

Se ha confirmado que las cenizas del exmilitar serán trasladadas a la iglesia parroquial de San Andrés Apóstol, ubicada en Torre del Mar, un enclave del municipio malagueño de Vélez-Málaga. Este lugar, significativo para la familia Tejero por las temporadas vividas allí, será su morada final. La elección de este templo no es casual; la parroquia cuenta con un área destinada a columbarios, y en ella, la familia posee un espacio privado.

Es precisamente en este mismo lugar donde ya descansan los restos incinerados de su esposa, Carmen Díez, estableciendo así un vínculo afectivo y familiar para este último adiós. Además, la presencia de uno de los hijos de Tejero en el sacerdocio, sumado a la titularidad de este espacio familiar en el columbario, simplifica los trámites eclesiásticos, haciendo innecesario un protocolo de comunicación adicional con la parroquia para la disposición de sus restos.

La Trayectoria de una Vida Controversial

El deceso de Antonio Tejero Molina ocurrió en Alzira, Valencia, a la avanzada edad de 93 años. Su fallecimiento, según reportes familiares, se produjo de manera serena y rodeado de sus seres queridos, marcando el final de una trayectoria vital que, desde 1981, lo situó en el epicentro de la atención pública. Originario de Alhaurín el Grande, Málaga, donde vino al mundo en 1932, Tejero se destacó por su carrera en la Guardia Civil, institución de la que fue apartado tras los eventos del 23 de febrero de 1981.

Su participación en el intento de golpe de Estado lo llevó a una condena de tres décadas por rebelión militar. No obstante, cumplió la mitad de la pena y fue puesto en libertad en 1996. Su imagen y la contundente exclamación «¡Quieto todo el mundo!» durante la irrupción en el Congreso de los Diputados, quedaron grabadas en la memoria colectiva, simbolizando un momento crítico para la transición democrática española.

El traslado de sus cenizas a Torre del Mar cierra un capítulo en la vida de una figura que, hasta sus últimos días, continuó generando debate y reflexión sobre su papel en la historia reciente de España y el significado de su legado.

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