El historiador francés François Hartog ha presentado su obra «Cronos. Cómo Occidente ha pensado el tiempo», un ensayo profundo que analiza las distintas concepciones temporales que han moldeado la civilización occidental desde la Antigüedad hasta la era contemporánea. El autor propone que cada época organiza su relación entre el pasado, el presente y el futuro de manera diferenciada, determinando con ello su visión del mundo, sus objetivos sociales y el sentido mismo de la historia.
Publicada por Siglo XXI Editores, la obra se sitúa en el ámbito de la historia cultural y la alta divulgación académica. Hartog, cuya trayectoria intelectual se ha centrado en la dimensión histórico-cultural de la temporalidad, evita realizar un inventario técnico de la medición del tiempo para enfocarse en las raíces antropológicas. El texto examina cómo la necesidad humana de concebir la realidad mediante el recurso del tiempo ha derivado en diversos «regímenes de historicidad» a lo largo de los siglos.
El análisis comienza con la distinción en la Grecia clásica de tres formas de temporalidad: «chronos» como el fluir continuo, «kairós» como el instante preciso para la acción y «krisis» como el momento decisivo en un proceso. Posteriormente, el estudio aborda la revolución que supuso el cristianismo, que introdujo una visión lineal del tiempo con un inicio en la Creación y un fin en el Apocalipsis, transformando la existencia humana en una espera orientada hacia la salvación eterna.
Con la llegada de la Modernidad, a partir de los siglos XV y XVI, el esquema cristiano se secularizó bajo la premisa de la fe en el progreso. Según explica Hartog, la convicción de que la humanidad se dirige hacia un futuro mejor y más próspero se convirtió en el motor de las reformas sociales y las grandes revoluciones de los siglos XVIII y XIX. Esta concepción lineal y ascendente de la historia se mantuvo como el parámetro predominante para las doctrinas políticas hasta finales del siglo XX.
En el tramo final del ensayo, el autor identifica un cambio de paradigma en el siglo XXI caracterizado por el fenómeno del «presentismo». Esta fase se define por una hipertrofia del presente que ocupa un espacio desmesurado, desplazando la relevancia del pasado y generando una profunda desconfianza hacia el futuro. Hartog sugiere que gran parte del malestar sociopolítico actual, marcado por la incertidumbre y el vértigo, deriva de esta falta de horizonte hacia el porvenir.
La obra concluye que el tiempo no es únicamente aquello que miden los relojes, sino un espejo en el que se refleja el modo en que cada sociedad concibe el mundo. Al confrontar al lector con las incógnitas del régimen de historicidad actual, el autor ofrece un marco conceptual para entender la crisis de dirección que define a la sociedad contemporánea, la cual parece avanzar a un ritmo frenético hacia un destino incierto.


