jueves, abril 23, 2026
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Crítica Prime Crime: A True Story: El regreso de Gus Van Sant

Gus Van Sant recrea el impacto mediático del caso Kiritsis en ‘Prime Crime: A True Story’

El cineasta estadounidense Gus Van Sant regresa a la cartelera con el estreno en España de «Prime Crime: A True Story», una obra que reconstruye el secuestro real perpetrado por Tony Kiritsis en Indianápolis durante febrero de 1977. La cinta explora la intersección entre el descontento social, la inestabilidad mental y la transformación de los actos criminales en espectáculos televisivos, estableciendo un diálogo directo con la tradición del cine policíaco de la década de los setenta.

La trama se centra en la figura de Kiritsis, interpretado por Bill Skarsgård, un hombre obsesionado con una supuesta estafa por parte de una empresa de préstamos hipotecarios. Tras fracasar en su intento de secuestrar al propietario de la firma, Kiritsis toma como rehén al hijo de este, utilizando un sofisticado mecanismo de sujeción conocido como el «cable del hombre muerto» (Dead Man’s Wire), título original del filme. El dispositivo consistía en un cable que rodeaba el cuello de la víctima y estaba conectado al gatillo de una escopeta, garantizando la ejecución inmediata en caso de intervención policial.

El reparto cuenta con la participación de Al Pacino, quien interpreta al padre del secuestrado. Su personaje, desde la distancia, se convierte en el antagonista moral al negarse a ofrecer las disculpas públicas exigidas por el captor. Por su parte, Colman Domingo da vida a un influyente locutor de radio afroamericano de Indianápolis, quien se convierte en el interlocutor preferente del secuestrador, evidenciando el peso de los medios de comunicación en la resolución del conflicto.

La crítica especializada ha vinculado esta producción con «Tarde de perros» (1975) de Sidney Lumet. Ambas producciones comparten elementos estructurales: hechos reales ocurridos en los Estados Unidos de los años setenta, protagonistas con perfiles psicológicos inestables y una cobertura mediática que convirtió a los criminales en figuras de simpatía popular momentánea. La película de Van Sant subraya este fenómeno al mostrar cómo la arenga de Kiritsis compitió en audiencia con la entrega de un Óscar honorífico a John Wayne.

Desde una perspectiva técnica, Van Sant utiliza una textura visual que emula la estética de la época y recurre al uso de grabaciones reales al cierre del metraje. No obstante, el guion mantiene una ambigüedad calculada sobre la legitimidad de las reclamaciones de Kiritsis frente a la empresa financiera, contrastando la imagen de «justiciero» con las consecuencias traumáticas que el secuestro tuvo para la víctima en la vida real.

Este largometraje supone, según los analistas cinematográficos, una recuperación del pulso narrativo de Gus Van Sant, quien alterna a lo largo de su carrera proyectos experimentales como «Elephant» con encargos industriales resueltos con solvencia profesional. El estreno en España ha generado controversia terminológica, al sustituirse el título original descriptivo, «Dead Man’s Wire», por otra expresión en lengua inglesa para su distribución comercial en el mercado nacional.

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