Un estudio histórico identifica a las 86 víctimas de los bombardeos republicanos en Mallorca
El historiador Manuel Aguilera ha presentado su reciente investigación titulada «Mallorca en llamas», un trabajo que recupera la identidad y las circunstancias del fallecimiento de 86 personas a causa de los bombardeos de la aviación republicana sobre la población civil de la isla durante la Guerra Civil. El estudio documenta una serie de víctimas que, según el autor, han permanecido en un vacío institucional tanto durante la dictadura franquista como en el periodo democrático actual.
La investigación detalla que, entre los fallecidos identificados, se encuentran 26 mujeres adultas, 26 hombres civiles, 19 militares —incluyendo guardias y falangistas— y 15 niños y adolescentes. Aguilera sostiene que estos ataques sobre la isla, y especialmente sobre su capital, Palma, formaron parte de una estrategia de terror aéreo destinada a forzar la rendición de la población civil mediante el desamparo defensivo, en lugar de servir como apoyo táctico a un asedio terrestre.
De acuerdo con los datos recabados en el archivo documental, entre el 23 de julio y el 28 de agosto de 1936 se registraron 46 incursiones aéreas. No obstante, el periodo más letal se produjo en mayo de 1937, mes en el que fallecieron 45 personas en los últimos ocho días de la ofensiva. El libro eleva la cifra total de muertos por bombardeos en la isla a 97 personas, al incluir a 11 víctimas causadas por un error de la aviación italiana que atacó el municipio de Artà.
El autor argumenta que estas víctimas fueron ignoradas por el régimen franquista al no encajar en la categoría de caídos por motivos religiosos o ideológicos del bando nacional, ya que muchos de los afectados pertenecían a sectores de la izquierda local. Del mismo modo, el historiador señala que, en democracia, la atención historiográfica se ha centrado prioritariamente en reparar el olvido de las víctimas de la represión franquista, lo que ha mantenido a los fallecidos por los bombardeos republicanos fuera de los homenajes institucionales.
En el ámbito legislativo y político, Aguilera se muestra crítico con lo que denomina una aplicación «selectiva» de las leyes de memoria. A pesar de sus reticencias sobre la gestión de la izquierda en esta materia, el investigador se opone a la derogación de la Ley de Memoria Democrática de Baleares. En su lugar, aboga por una «memoria ecuánime» que reconozca a todas las víctimas inocentes del conflicto, independientemente del bando responsable de su muerte.
Como ejemplo de las contradicciones del conflicto, el estudio resalta el caso de Joan Sampol Llobera, dirigente de la UGT en Palma, quien falleció a consecuencia de un bombardeo republicano en la Colònia de Sant Jordi, lugar donde se encontraba refugiado. Para el autor, omitir estas realidades supone una parcialidad que dificulta la comprensión total del horror de la guerra.
Finalmente, el trabajo de Manuel Aguilera subraya la importancia del rigor histórico como herramienta de concordia. El autor concluye que la investigación y el resarcimiento de la dignidad de todos los fallecidos, así como la posibilidad de que las familias localicen y entierren a sus allegados, son pasos fundamentales para la reconciliación social y el cumplimiento del deber de veracidad que corresponde a la disciplina histórica.


