La expedición del dirigible Norge completa el primer sobrevuelo verificado del Polo Norte
El explorador noruego Roald Amundsen y el ingeniero italiano Umberto Nobile alcanzaron un hito histórico en la aviación polar el 12 de mayo de 1926, al sobrevolar con éxito el Polo Norte a bordo del dirigible Norge. La misión, que partió desde las islas Svalbard y concluyó en Alaska, representa la primera travesía aérea sobre la latitud cero cuya veracidad ha sido respaldada por evidencias científicas, cerrando un ciclo de disputas y expediciones fallidas en la conquista del Ártico.
La aeronave, diseñada por Nobile y bautizada en honor a Noruega, atravesó el punto geográfico exacto a las 01:45 horas, momento en el que la tripulación arrojó las banderas de Noruega, Estados Unidos e Italia sobre el eje polar. El equipo expedicionario contó con el financiamiento del norteamericano Lincoln Ellsworth y la pericia técnica de Hjalmar Riiser-Larsen como navegante. El vuelo no solo cumplió un objetivo simbólico, sino que permitió confirmar mediante observaciones meteorológicas y geográficas la inexistencia de masas de tierra desconocidas en el sector del mar Ártico recorrido.
Este logro se produjo apenas un año después de un intento infructuoso realizado por Amundsen en 1925 mediante el uso de dos hidroaviones Dornier Wal. En aquella ocasión, la expedición se vio obligada a realizar un aterrizaje de emergencia a escasos 15 kilómetros de su objetivo. Tras quedar inutilizado uno de los aparatos, los seis miembros de la misión trabajaron durante 26 días para retirar 600 toneladas de hielo y construir una pista de despegue improvisada, logrando regresar a Svalbard en una sola aeronave bajo condiciones críticas de sobrecarga.
La expedición de 1926 estuvo precedida por la controversia sobre la primacía en el alcance del Polo Norte. Los registros históricos y análisis posteriores han puesto en duda las hazañas reclamadas por Robert Peary por vía terrestre en 1909, así como el vuelo reclamado por el norteamericano Robert Byrd apenas tres días antes de la partida del Norge. Ante la falta de pruebas concluyentes de sus antecesores, Amundsen, quien ya había sido el primer hombre en alcanzar el Polo Sur en 1911, consolidó con el Norge su posición como la figura central de la exploración polar moderna.
A pesar del éxito operativo de la misión, la relación profesional entre Amundsen y Nobile se deterioró significativamente tras el aterrizaje en la aldea de Teller, Alaska, debido a discrepancias sobre el liderazgo y el reconocimiento público del mérito técnico. Esta rivalidad marcaría el fin de su colaboración y precedería la tragedia del dirigible Italia en 1928, incidente en el cual Amundsen perdería la vida durante las labores de búsqueda y rescate de su antiguo compañero de expedición.
Con este hito, la tecnología aeronáutica demostró su superioridad sobre los métodos tradicionales de exploración terrestre. La transición del trineo al dirigible y el avión permitió el mapeo definitivo de las regiones polares, estableciendo las bases para la navegación aérea transpolar que conecta continentes en la actualidad.


