jueves, mayo 14, 2026
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Pilar Sordo: «La felicidad no tiene que ver con la alegría»

Pilar Sordo propone redefinir el concepto de felicidad frente a la presión del optimismo permanente

La psicóloga y escritora Pilar Sordo ha planteado una revisión del concepto contemporáneo de bienestar, distanciándolo de la euforia constante y vinculándolo a una decisión consciente y cotidiana. Según la especialista, la confusión entre felicidad y alegría ha generado una presión social que dificulta la gestión de emociones naturales como la tristeza, el duelo o la incertidumbre.

Para Sordo, uno de los errores fundamentales en la sociedad actual es la asociación directa de la felicidad con el estado de ánimo alegre. «La decisión de ser feliz es algo que se toma instante por instante», sostiene la autora, quien enfatiza que este estado es independiente de las circunstancias externas o de la ausencia de problemas, permitiendo al individuo habitar el dolor sin perder su equilibrio interior.

La distinción técnica radica en la naturaleza de las emociones. Mientras que la alegría se define como una respuesta transitoria y volátil, la felicidad se describe como un estado profundo de armonía entre el cuerpo, la mente y las emociones. Bajo esta premisa, el marco de análisis sugiere que una persona puede experimentar tristeza y, simultáneamente, mantener su decisión de ser feliz a través de la serenidad.

Este enfoque surge como respuesta a lo que Sordo denomina un «vértigo social», impulsado por la necesidad de validación externa y la exhibición de bienestar en plataformas digitales. La autora advierte que la obligación de mostrarse permanentemente exitoso ha derivado en una sociedad incapaz de tolerar el silencio o el cansancio, reivindicando la pausa como una herramienta necesaria para la salud mental.

La visión de la psicóloga chilena coincide con corrientes actuales de la salud mental que cuestionan la denominada «positividad tóxica». Expertos en el área alertan sobre los riesgos de negar emociones calificadas como incómodas, como la frustración, señalando que el bienestar auténtico implica la aceptación de la experiencia humana en toda su complejidad, incluyendo sus etapas de vulnerabilidad.

Finalmente, la propuesta sitúa la felicidad en un territorio de construcción cotidiana y silenciosa, alejada del ruido exterior y la satisfacción inmediata. En este sentido, el bienestar se presenta no como un destino o una meta espectacular, sino como una disposición interna que se renueva cada día, incluso cuando las condiciones del entorno resultan adversas.

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