domingo, mayo 17, 2026
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Lyceum Club Femenino: Historia del primer club de mujeres

El Lyceum Club Femenino: El epicentro de la vanguardia intelectual de la mujer en la España de 1926

En abril de 1926, la ciudad de Madrid se incorporó a la red internacional de asociaciones femeninas con la fundación del Lyceum Club Femenino, una institución destinada a fomentar el desarrollo cultural y social de las mujeres en España. Inspirado en el modelo británico creado en 1904 por Constance Smedley-Armfield, el club surgió bajo la presidencia de la pedagoga María de Maeztu en un periodo de transformación de los derechos civiles femeninos a nivel global, coincidiendo con la consolidación del sufragio en potencias como Estados Unidos y Reino Unido.

La creación del club, analizada recientemente en el estudio bibliográfico «El club de las modernas» de Eva Cosculluela, se produjo paradójicamente durante la dictadura del general Primo de Rivera. Para evitar suspicacias políticas por parte del régimen autoritario, las fundadoras implementaron una estrategia de protección institucional al nombrar como presidentas de honor a la reina Victoria Eugenia y a la duquesa de Alba. Esta medida buscaba blindar un proyecto de corte progresista bajo una apariencia conservadora que permitiera su funcionamiento legal.

La dirección del Lyceum Club estuvo compuesta por las figuras más prominentes de la intelectualidad femenina de la época. Junto a María de Maeztu, destacaron en la junta directiva Victoria Kent, primera mujer en ejercer la abogacía en tribunales españoles, e Isabel Oyarzábal, periodista y pionera de la diplomacia española en el extranjero. La secretaría fue ocupada por la escritora y lingüista Zenobia Camprubí, quien desempeñó un papel fundamental en la internacionalización de la literatura española a través de sus traducciones.

Uno de los perfiles distintivos de la asociación fue el grupo denominado coloquialmente como «las Maridas». Este colectivo agrupaba a esposas de grandes referentes de la cultura y la política nacional, como José Ortega y Gasset, Gregorio Marañón o Juan Ramón Jiménez. A pesar de que la denominación sugería una posición subordinada, estas mujeres utilizaron el espacio del club, ubicado en la histórica Casa de las Siete Chimeneas, para desarrollar una agenda cultural propia y realizar críticas satíricas a los círculos de poder masculinos de la época.

A lo largo de su existencia, la institución enfrentó críticas desde diversos frentes. Los sectores más conservadores de la sociedad madrileña difundieron acusaciones infundadas sobre las actividades internas del centro, mientras que figuras del feminismo radical, como la corresponsal de guerra Teresa de Escoriaza, calificaron inicialmente el proyecto como una iniciativa elitista y esnob. Sin embargo, el club se mantuvo como un foro de debate esencial sobre temas de trascendencia jurídica y social, incluyendo la discusión sobre la implantación del voto femenino en España.

El declive de la institución se precipitó con el inicio de la Guerra Civil en 1936. La polarización política y la represión posterior desmantelaron el tejido intelectual del club. María de Maeztu, tras ser cesada por el Gobierno de Largo Caballero y sufrir la pérdida de su hermano Ramiro de Maeztu, partió hacia el exilio. La diáspora de sus integrantes principales marcó el fin de una etapa clave para la emancipación femenina española, cuyo legado institucional sigue siendo objeto de estudio por su relevancia en la historia de la pedagogía y el derecho en España.

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