domingo, mayo 31, 2026
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Duque de Lerma: La historia del mayor ladrón de España

El valimiento del Duque de Lerma: Crónica de la corrupción institucional y el blindaje eclesiástico en la Corte de Felipe III

En el año 1618, tras dos décadas de ejercicio de un poder absoluto bajo el reinado de Felipe III, Francisco de Sandoval y Rojas, primer duque de Lerma, obtuvo el nombramiento de cardenal por parte del papa Paulo V. Esta designación, lejos de responder a una vocación religiosa, se consolidó históricamente como una maniobra de blindaje jurídico ante el inminente colapso de su régimen y las crecientes acusaciones de malversación que pesaban sobre su figura, dando origen a la célebre sátira popular que lo señalaba como el hombre que se «vistió de colorado» para eludir la justicia.

La gestión del valido se caracterizó por la instrumentalización de las instituciones del Estado en beneficio propio. Uno de los episodios más documentados de su administración fue el traslado de la capitalidad de la Corte de Madrid a Valladolid en 1601. Esta decisión administrativa ocultaba una operación de especulación inmobiliaria a gran escala: el duque adquirió previamente numerosas fincas urbanas en Valladolid para venderlas a precios elevados a la Corona y a la nobleza, mientras paralelamente acumulaba patrimonio en un Madrid cuyos precios se habían desplomado por la marcha de las instituciones.

En 1606, una vez consolidada su propiedad sobre gran parte de la antigua capital, Lerma decretó el retorno de la Corte a Madrid, completando así una de las maniobras financieras más lucrativas de la historia de la Monarquía Hispánica. Este uso de la política territorial para fines particulares se extendió también al ámbito de las relaciones internacionales y la diplomacia con la Santa Sede, afectando la posición estratégica de España en el continente.

A diferencia de los reinados de Carlos I y Felipe II, marcados por tensiones constantes con el Papado por el control de los territorios italianos, el duque de Lerma implementó una política de concesiones. En 1599, bajo su influencia, Felipe III renunció a intervenir en Toscana y Lombardía, una decisión que la historiografía ha interpretado como una cesión de la hegemonía española en Italia a cambio de favores personales del Sumo Pontífice. Este acercamiento facilitó medidas de gran impacto social como la expulsión de los moriscos en 1609 y culminó con la protección diplomática otorgada por el capelo cardenalicio.

La inmunidad eclesiástica derivada de su cargo religioso fue efectiva tras la muerte de Felipe III en 1621. Cuando el nuevo gobierno intentó procesar y confinar al exvalido en Tordesillas, la intervención del papa Gregorio XV y del colegio cardenalicio impidió la acción de la justicia ordinaria, alegando que tal medida representaba un atentado a la libertad de la Iglesia. De este modo, el rango de príncipe de la Iglesia funcionó como un asilo político ante las responsabilidades penales derivadas de su gestión pública.

El encumbramiento de Sandoval y Rojas también se manifestó en el plano simbólico y artístico. Su mecenazgo y su colección de más de 2.700 obras de arte sirvieron para proyectar una imagen de soberanía. En 1603, bajo encargo del duque de Mantua, el pintor flamenco Pedro Pablo Rubens realizó un retrato ecuestre de Lerma, una tipología reservada hasta entonces exclusivamente a los monarcas. En dicha obra, el valido fue representado con atributos de mando militar y una composición inspirada en las representaciones imperiales, evidenciando una suplantación simbólica de la figura real en la cúspide del poder.

El legado del Duque de Lerma permanece en la historia institucional de España como el paradigma del valimiento en el Siglo de Oro, donde la acumulación de cargos, el tráfico de influencias y el uso de privilegios diplomáticos definieron un periodo de profunda crisis ética y económica para la Corona.

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