domingo, junio 21, 2026
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James Webb descubre nubes de sal en el famoso planeta rosa

El telescopio James Webb detecta nubes de sal en la atmósfera del «planeta rosa» GJ504b

Un equipo de investigación de la Universidad Northwestern, con el respaldo de la NASA, ha logrado identificar por primera vez pruebas directas de nubes salinas en la atmósfera de GJ504b, un objeto astronómico conocido popularmente como el «planeta rosa». El hallazgo, realizado mediante el Telescopio Espacial James Webb (JWST), confirma una teoría científica propuesta hace más de 15 años sobre la composición química de los cuerpos celestes fríos situados fuera del sistema solar.

El estudio, publicado recientemente en la revista científica The Astronomical Journal, representa un hito en la observación astronómica de objetos con baja luminosidad. GJ504b, ubicado a 57 años luz de la Tierra, se caracteriza por ser uno de los compañeros planetarios más fríos detectados hasta la fecha, con una temperatura aproximada de 290 grados Celsius. Esta condición, sumada a su tenue brillo, había impedido que los telescopios terrestres pudieran analizar su composición atmosférica de manera efectiva durante la última década.

Para obtener estos resultados, los investigadores emplearon las capacidades de espectroscopía del JWST, logrando captar la luz del objeto tras procesar y eliminar el resplandor de su estrella anfitriona. El análisis del espectro lumínico reveló una atmósfera rica en compuestos químicos como vapor de agua, metano, dióxido de carbono y amoníaco. No obstante, los modelos astrofísicos convencionales solo pudieron explicar la señal detectada al incorporar la presencia de nubes de sal, las cuales actúan modificando la luz que emana de las capas más profundas de la atmósfera.

Aneesh Baburaj, director del estudio en la Universidad Northwestern, señaló que la masa de GJ504b es aproximadamente 25 veces superior a la de Júpiter, lo que lo sitúa en la frontera técnica entre un planeta gigante y una enana marrón. Debido a su edad, estimada entre 2.500 y 4.000 millones de años, el cuerpo ha experimentado un proceso de enfriamiento que permite la formación de este tipo de química exótica, diferenciándose de los exoplanetas más jóvenes y calientes que suelen ser objeto de estudio.

La investigación también apunta a que este objeto presenta un elevado contenido de elementos pesados o metales, un dato relevante para comprender su proceso de formación, el cual aún es motivo de debate científico sobre si se originó como un planeta o como una estrella de pequeña escala. La técnica aplicada en este descubrimiento se perfila como una herramienta fundamental para futuras misiones que busquen analizar cuerpos aún más fríos y menos brillantes.

Este avance institucional en la astronomía de precisión acerca a la comunidad científica a la posibilidad de observar nubes de hielo de amoníaco en otros sistemas, similares a las existentes en Júpiter. Según los expertos, la validación de los modelos que incluyen nubes de sal permite una interpretación más precisa de la evolución y estructura de los mundos que orbitan estrellas similares al Sol en nuestra galaxia.

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