El catedrático emérito de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid, José Luis Pardo, ha advertido sobre el progresivo deterioro del espacio público en España y la sustitución del debate racional por dinámicas populistas. Según el pensador, referente del pensamiento español contemporáneo, la vigencia de la filosofía es hoy más necesaria que nunca para contrarrestar la influencia de los nuevos «sofistas» que, a su juicio, operan en la esfera política contemporánea bajo modelos importados que tensionan las costuras institucionales del país.
Pardo, especialista en metafísica y autor de obras fundamentales como «La regla del juego» o «Estudios del malestar», sostiene que la filosofía debe habitar un espacio intermedio entre la academia y el mundo real. Para el filósofo, la disciplina no debe limitarse a la repetición de la historia de las ideas, sino ejercer como una fuerza crítica que, emulando la figura de Sócrates, cuestione las certezas establecidas y «revuelva el gallinero» en un momento de fragmentación del ágora pública.
En un análisis sobre la situación política nacional, el intelectual señala que la democracia española, fundamentada en el consenso de 1978, enfrenta una crisis de legitimidad impulsada por el resurgimiento del nacionalismo y la aparición de un populismo de corte revolucionario. Según Pardo, este fenómeno se consolidó tras la crisis económica de 2008, cuando una nueva generación política adoptó estrategias teóricas basadas en la «razón populista» de Ernesto Laclau, buscando transformar la tradicional dicotomía izquierda-derecha en un enfrentamiento entre «la gente» y «la casta».
El catedrático enfatiza que este modelo ha encontrado en los nacionalismos periféricos aliados estratégicos, creando un relato de «mundos paralelos» que ignora la realidad institucional. En este sentido, critica la Ley de Amnistía por considerarla una ruptura de los escrúpulos morales y jurídicos que sostenían el Estado de derecho. Para Pardo, esta medida ha generado una situación de inseguridad jurídica que afecta la percepción ciudadana sobre lo que es delictivo, disolviendo el estatuto de la nación en favor de intereses coyunturales de poder.
Asimismo, el filósofo vincula la actual deriva política con la figura del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, a quien atribuye la responsabilidad de haber abandonado el discurso tradicional de la socialdemocracia para ceder espacio a movimientos populistas. Pardo sostiene que esta tendencia ha continuado bajo la administración actual, donde los marcos ideológicos del Partido Socialista se han visto imbricados con las tesis de formaciones como Podemos, Sumar o Bildu, priorizando el mantenimiento del poder sobre la integridad de las instituciones.
Finalmente, José Luis Pardo hace un llamamiento a la reconstrucción de un espacio público de acuerdo entre ciudadanos. Lamenta que las instancias encargadas de velar por la verdad empírica —como la prensa, la justicia y la ciencia— se hayan visto contaminadas por la fragmentación de las redes sociales y la polarización. La recuperación de la paz institucional, concluye, depende de la capacidad de la sociedad civil para articular una crítica libre que trascienda los intereses particulares y recupere la confianza en un ágora compartida.


