lunes, junio 29, 2026
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Campo magnético en un exoplaneta: hito de ciencia española

Investigadores del CSIC detectan la evidencia más sólida de un campo magnético en un exoplaneta

Un equipo internacional liderado por el Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC) ha demostrado de manera concluyente que un exoplaneta puede influir directamente en el comportamiento de su estrella anfitriona a través de su interacción magnética. El estudio, publicado en la revista Science, aporta la evidencia más robusta obtenida hasta el momento sobre la existencia de un campo magnético en un planeta fuera del sistema solar, un factor considerado determinante para la posible habitabilidad de otros mundos.

La investigación se centró en el sistema GJ 436, una estrella de baja masa situada en nuestra vecindad galáctica, alrededor de la cual orbita GJ 436 b, un exoplaneta con dimensiones similares a las de Neptuno. Tras analizar dieciséis años de observaciones espectroscópicas de alta resolución, los científicos detectaron variaciones regulares en la energía y el brillo que emite la estrella en determinadas longitudes de onda, provocadas específicamente por la proximidad y el magnetismo de su planeta.

El fenómeno observado consiste en una inyección de energía en la cromosfera de la estrella —una de las capas superiores de su atmósfera— producida por la colisión de los campos magnéticos de ambos cuerpos. Este proceso genera un efecto comparable al de las auroras boreales en la Tierra, pero manifestado a una escala estelar. Según los datos procesados, la intensidad del campo magnético de GJ 436 b se estima entre los 6 y los 110 Gauss, una cifra que permite por primera vez caracterizar las propiedades físicas de este escudo protector en un entorno extrasolar.

Para la obtención de estos resultados, el equipo utilizó datos de los espectrógrafos CARMENES, instalado en el Observatorio de Calar Alto (Almería), y HARPS. Las señales de interacción no fueron constantes, sino que se manifestaron en episodios separados por intervalos de ocho años (2008, 2016 y 2024). Esta periodicidad coincide con el ciclo de actividad magnética de la estrella GJ 436, que dura aproximadamente 7,75 años, lo que sugiere que la detección de este fenómeno es más viable cuando la estrella atraviesa fases específicas de su ciclo.

Daniel Revilla, investigador del IAA-CSIC y autor principal del estudio, señala que este hallazgo es fundamental para comprender la evolución planetaria. La presencia de un campo magnético actúa como un escudo frente al viento estelar, evitando la pérdida de la atmósfera y permitiendo la estabilidad del agua líquida, tal como sucede en la Tierra. En contraste, la ausencia de este escudo global en Marte contribuyó a la erosión de su atmósfera y a la pérdida de sus recursos hídricos superficiales hace miles de millones de años.

Hasta la fecha, la comunidad científica había asumido mayoritariamente que la influencia en los sistemas estelares era unidireccional, partiendo siempre de la estrella hacia el planeta. Sin embargo, este trabajo confirma que los planetas que orbitan a corta distancia también pueden alterar el entorno de sus estrellas de forma medible. Este avance metodológico facilita la evaluación de la habitabilidad en futuros estudios de exoplanetas al permitir inferir la presencia de escudos magnéticos de forma indirecta a través del monitoreo de su actividad estelar.

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