jueves, julio 2, 2026
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Webb explica cómo un planeta sobrevivió a su estrella

Un equipo internacional de astrónomos, utilizando datos del Telescopio Espacial James Webb (JWST) de la NASA, ha logrado reconstruir la historia de supervivencia de WD 1856 b, un planeta gigante que orbita los restos de una estrella muerta. El estudio, publicado recientemente en la revista científica Nature, revela que el cuerpo celeste logró evitar la destrucción inicial durante la fase de gigante roja de su estrella al encontrarse en una órbita lejana, para posteriormente migrar hacia su posición actual miles de millones de años después de la transformación del astro en una enana blanca.

El hallazgo ofrece una respuesta a la incógnita planteada tras el descubrimiento del sistema en 2020. WD 1856 b es un gigante gaseoso con una masa estimada entre cuatro y once veces la de Júpiter, que orbita de manera extremadamente cercana a su anfitriona, una enana blanca del tamaño de la Tierra, completando una revolución cada 1,4 días. Según los investigadores, esta proximidad resulta inusual, ya que la expansión de la estrella original durante su etapa de agonía habría consumido cualquier objeto en su vecindad inmediata.

La investigación, liderada por Ryan MacDonald de la Universidad de St. Andrews y apoyada por expertos de las universidades de Cornell y Northwestern, utilizó la espectroscopia del Webb para analizar la atmósfera y la temperatura del planeta. Los datos permitieron determinar que el planeta registra una temperatura de aproximadamente 127 grados Celsius (400 Kelvin), una cifra significativamente superior a la esperada por la simple radiación de la tenue enana blanca. Este exceso de calor se atribuye a un proceso de calentamiento por mareas ocurrido durante su migración orbital.

Victoria Boehm, coautora del estudio y profesora en la Universidad de Cornell, destacó la precisión técnica requerida para la observación, dado que el tránsito del planeta frente a la estrella dura apenas ocho minutos. El análisis de los datos sugiere que el desplazamiento del planeta hacia el interior del sistema no fue producto de haber sido engullido y sobrevivido, sino de influencias gravitatorias externas. Al formar parte de un sistema estelar triple, las estrellas compañeras exteriores habrían alterado la órbita de WD 1856 b entre 3.000 y 5.500 millones de años después de la muerte estelar.

Por su parte, Christopher O’Connor, investigador del Centro de Exploración e Investigación Interdisciplinaria en Astrofísica de la Universidad Northwestern, explicó que este escenario de migración tardía permitió al planeta mantenerse a una distancia segura mientras la estrella se expandía hasta 100 veces su tamaño original. Este fenómeno arroja luz sobre el futuro a largo plazo de otros sistemas planetarios, incluido el sistema solar, sugiriendo que los planetas exteriores podrían sobrevivir y evolucionar mucho después de que el Sol agote su combustible y consuma a los planetas interiores como Mercurio o Venus.

Las conclusiones del informe subrayan que la muerte de una estrella no implica necesariamente el fin de su sistema planetario. Según los autores, la capacidad de los planetas para reubicarse y mantener temperaturas estables en etapas avanzadas del ciclo estelar amplía las posibilidades teóricas sobre la existencia de entornos habitables en el universo profundo. El estudio contó con el respaldo institucional de la Fundación Nacional de Ciencias de Estados Unidos y la NASA.

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