La industria cinematográfica recibe una nueva interpretación del legendario forajido de Sherwood con el estreno de «La muerte de Robin Hood». Bajo la dirección y guion de Michael Sarnoski, la cinta propone una deconstrucción profunda del mito medieval, alejándose de la imagen tradicional del héroe justiciero para presentar a un hombre perseguido por las consecuencias de su pasado violento.
A diferencia de las más de 40 adaptaciones previas, esta versión sitúa al personaje como un antiguo asesino cuyas andanzas sanguinarias fueron idealizadas por la fábula popular a lo largo de los siglos. Hugh Jackman interpreta a un Robin Hood envejecido que vive oculto en las montañas, temeroso de las represalias de los descendientes de sus víctimas. La trama se desencadena cuando Pequeño John, interpretado por Bill Skarsgård, solicita su intervención para proteger a su familia, lo que deriva en un enfrentamiento que lleva al protagonista a buscar refugio en una abadía remota liderada por una abadesa interpretada por Jodie Comer.
La estructura narrativa del filme rompe con los estándares habituales del cine de acción comercial. Tras un primer acto caracterizado por combates nocturnos y una estética que recuerda a producciones como «El hombre del norte», la película evoluciona hacia una obra contemplativa y elegíaca. El desarrollo central se enfoca en el deseo de redención del protagonista y su preparación para el final de su vida, evitando los desenlaces de violencia catártica que suelen definir el género de aventuras.
El director Michael Sarnoski, quien ya exploró la subversión de tropos en «Pig» y «Un lugar tranquilo: Día 1», utiliza este proyecto para cuestionar la figura del héroe infalible. La interpretación de Jackman ha sido comparada con su papel en «Logan», aportando una visión crepuscular que se aleja de las versiones más optimistas de Errol Flynn o Kevin Costner. El elenco secundario incluye a Murray Bartlett, en el papel de un mercenario leproso, y a la joven Faith Delaney, quien establece un vínculo paterno-filial con el protagonista.
El personaje de Robin Hood tiene sus raíces en las baladas del Medievo británico y ha sido adaptado por autores como Walter Scott y Alexandre Dumas. En el ámbito cinematográfico, la leyenda ha transitado desde el cine mudo de Douglas Fairbanks en 1922 hasta las superproducciones contemporáneas de Ridley Scott. «La muerte de Robin Hood» se alinea con la corriente desmitificadora iniciada en 1976 por Richard Lester con «Robin y Marian», donde Sean Connery y Audrey Hepburn exploraron la madurez de los personajes en un tono desencantado.
Con esta nueva producción, el canon de Robin Hood suma una perspectiva que prioriza el análisis psicológico y la reflexión sobre la violencia por encima de la épica tradicional. La película se posiciona como una propuesta inusual en el panorama actual, desafiando las expectativas del espectador habituado a las estructuras lineales del cine de héroes clásicos.


