El sector agrícola denuncia una brecha de precios que reduce los ingresos del productor al 15% del valor final
El sector primario español ha vuelto a poner de manifiesto la creciente disparidad entre los precios que pagan los consumidores en las grandes superficies y la remuneración que reciben los agricultores en origen. Según testimonios técnicos del sector, los productores perciben, de media, apenas un 15% del importe final de venta al público, una cifra que compromete la rentabilidad de las explotaciones frente al encarecimiento de los costes de producción.
Daniel, ingeniero agrónomo y agricultor, ha expuesto recientemente la realidad económica que atraviesa el campo mediante el análisis de cultivos específicos como la berenjena. Mientras que el precio de salida en la explotación agrícola se sitúa en torno a los 80 céntimos por kilogramo, este mismo producto alcanza valores superiores a los dos euros en el punto de venta final. Esta diferencia implica que el precio puede multiplicarse hasta por seis desde que el alimento es recolectado hasta que llega al consumidor.
Esta tendencia, según denuncian los profesionales agrarios, no es un fenómeno aislado de un producto concreto, sino que se extiende de forma generalizada a otros alimentos básicos como tomates, lechugas, mangos y patatas. En todos estos casos, la brecha entre el precio en origen y el de destino se mantiene constante, dejando al agricultor con un margen de beneficio mínimo tras deducir los gastos operativos.
A la problemática de los precios se suma un incremento estructural en los costes de explotación registrados en los últimos ejercicios. Los profesionales del sector destacan el alza en los precios de los fertilizantes, el combustible, la electricidad y el agua, así como los costes laborales asociados a la siembra y recolección. Estas variables, unidas a la presión normativa y a las exigencias de sostenibilidad, han reducido los márgenes de maniobra de las pequeñas y medianas explotaciones.
La inestabilidad climática también juega un papel determinante en la viabilidad económica del sector. Los productores subrayan que dependen de factores imprevisibles como olas de calor, heladas o periodos de sequía, los cuales pueden arruinar campañas enteras sin que exista una red de seguridad financiera que compense la inversión realizada en la preparación de la tierra y el control de plagas.
Finalmente, desde el ámbito de la Ingeniería Agronómica se advierte sobre la dureza de las condiciones laborales en el campo, caracterizadas por jornadas extensas sin horarios fijos y el desempeño de tareas bajo condiciones meteorológicas extremas. Los profesionales coinciden en señalar que, para garantizar el relevo generacional y el abastecimiento alimentario nacional, resulta imperativo establecer un reparto más equilibrado del valor en la cadena alimentaria, asegurando que el esfuerzo productivo reciba una recompensa acorde al riesgo y al trabajo desempeñado.


