La noche en Roma: el desafío del miedo a la oscuridad
Roma era el corazón de un imperio vasto y sofisticado. A pesar de su esplendor, cuando caía la noche, los romanos experimentaban un profundo miedo a la oscuridad. Este sentimiento, que acompaña a la humanidad desde tiempos inmemoriales, provocaba que incluso los ciudadanos de Roma se sintieran como hombres de las cavernas ante el ocaso.
El poeta Juvenal, conocido por sus sátiras, retrató la inseguridad de las calles romanas. Advertía que los ciudadanos tenían que estar preparados para el peligro, como si la noche desatara una serie de amenazas inminentes. Durante este tiempo, también era común que desechos y objetos inservibles se arrojaran a las calles, lo que contribuía a la sensación de inseguridad.
Sin embargo, los romanos adinerados contaban con estrategias para evitar el miedo nocturno. A menudo, se movían en la oscuridad acompañados de esclavos que llevaban antorchas, ofreciendo así iluminación y una medida de seguridad adicional.
Innovaciones en el alumbrado y la lucha contra la oscuridad
El concepto de iluminación en las ciudades ha evolucionado significativamente. Dos mil años después de Juvenal, el escritor Evelyn Waugh aludía a los linkmen, sirvientes que guiaban a la sociedad británica durante las noches de oscuridad. Este servicio, que existía desde los tiempos romanos, se desvaneció con la llegada del alumbrado público en el siglo XIX.
Durante el siglo XX, el alumbrado se convirtió en un tema crítico, especialmente en el contexto de la Segunda Guerra Mundial. Las preocupaciones sobre la visibilidad durante los bombardeos resultaron en medidas como el “obscurecimiento”. A pesar de estas precauciones, el miedo a la oscuridad continuó presente, e incluso durante los apagones, se reportaron incidentes que resaltaban la vulnerabilidad de la gente en las calles.
Irónicamente, la estrategia de ocultación no resultó efectiva durante el Blitz alemán. Mientras la Alemania nazi lanzaba ataques, las luces causadas por incendios hacían obsoleto cualquier intento de camuflaje nocturno, y la vida en Londres continuó, con los ciudadanos mostrando valentía frente a los peligros.
El surgimiento de la iluminación pública
La lucha contra el temor de la oscuridad comenzó en Córdoba, España, en el siglo IX, donde se estableció el primer alumbrado público del mundo. Esta ciudad se volvió un modelo durante siglos, pero tras la fragmentación del Califato, el progreso se detuvo. No fue sino hasta el siglo XIX que Córdoba volvió a recibir un poco de esa luz, revitalizando su historia.
A lo largo de los siglos, se emitieron ordenanzas en diversos países que obligaban a los ciudadanos a iluminar sus hogares y calles. El uso de gas para la iluminación se reconoció por primera vez en Londres en 1807, marcando el inicio de una nueva era en la lucha contra la oscuridad.
La llegada del alumbrado eléctrico en las últimas décadas del siglo XIX revolucionó la forma en que las ciudades se iluminaban. Esta innovación se inició en lugares como Comillas, donde un empresario local iluminó la villa para recibir al rey, y se expandió rápidamente a otras ciudades, transformando radicalmente la vida urbana.
El avance en la iluminación no solo disipó la oscuridad, sino que también facilitó la vida nocturna, permitiendo que los ciudadanos se sintieran seguros y protegidos en sus desplazamientos, marcando un hito en la historia social y cultural de las ciudades.


