domingo, julio 12, 2026
InicioCulturaLa Guerra Petrificada: Monumentos de la Independencia

La Guerra Petrificada: Monumentos de la Independencia

La historiografía contemporánea ha sumado un nuevo pilar para la comprensión de la identidad nacional española con la publicación de «La Guerra Petrificada», obra del historiador Alberto Cañas de Pablos. El estudio, editado por Prensas de la Universidad de Zaragoza, sistematiza por primera vez el patrimonio monumental erigido tras la invasión napoleónica, revelando cómo la resistencia popular y los hitos bélicos de 1808 se consolidaron como el primer referente de cohesión ideológica para el Estado moderno en España.

La investigación establece que el fenómeno de la «petrificación» del conflicto surgió como una consecuencia directa de la victoria en la Batalla de Bailén el 19 de julio de 1808. Este acontecimiento, que supuso la primera capitulación de un ejército napoleónico en campo abierto, no solo alteró el mapa geopolítico europeo al quebrar el mito de la invencibilidad francesa, sino que inició un proceso de monumentalización pública. Hasta ese momento, la estatuaria urbana en España estaba reservada exclusivamente a la figura del monarca, pero tras el levantamiento general, el reconocimiento comenzó a desplazarse hacia la nación y sus mártires.

El monumento más antiguo registrado en esta cronología, y que aún se mantiene en pie, es el obelisco piramidal de Soria, levantado en 1812. El Ayuntamiento soriano aprobó su construcción tras la liberación de la ciudad para honrar a cuatro miembros de la Junta de Burgos que habían sido ejecutados y vejados por las tropas invasoras. La rapidez con la que se erigió el monolito, apenas un mes después de la decisión municipal, subraya la urgencia de las instituciones locales por dotar de un soporte físico permanente a la memoria del sacrificio patriótico, incluso antes de que finalizara la contienda.

En el caso de Madrid, el proceso fue más complejo debido a las sucesivas ocupaciones. Aunque el Ayuntamiento proyectó un homenaje a las víctimas del Dos de Mayo en el otoño de 1808, la entrada de Napoleón en la capital en diciembre de ese año paralizó cualquier iniciativa. No sería hasta 1840 cuando se inauguraría el obelisco de la Plaza de la Lealtad. Según el profesor Cañas, estos monumentos funcionan como «antenas de memoria» que reflejan las tensiones políticas de la época: mientras que Fernando VII restringió los homenajes a misas fúnebres durante su reinado absolutista, los periodos liberales impulsaron figuras como las de Daoiz y Velarde o el mausoleo a Juan Martín «El Empecinado».

El estudio destaca una singularidad en el tratamiento histórico de este conflicto: la Guerra de Independencia se mantiene como uno de los escasos puntos de consenso en el espectro ideológico español. Tanto sectores de izquierda como de derecha han adoptado el levantamiento de 1808 como un elemento fundacional de su idea de España, lo que explica la eclosión de lápidas, estatuas y mosaicos durante los centenarios de 1908 y 2008.

Finalmente, el registro exhaustivo de la obra incluye también la presencia del invasor en el espacio público. De los monumentos analizados en el territorio nacional, 25 están dedicados a las fuerzas francesas, y solo dos de ellos poseen un carácter peyorativo. Este dato refuerza la tesis de una memoria compartida que, con el paso de los siglos, ha evolucionado desde el fervor patriótico hacia una valoración histórica y patrimonial de los hechos que definieron el inicio del siglo XIX en la Península Ibérica.

RELATED ARTICLES

Most Popular

Recent Comments