martes, mayo 26, 2026
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Alicia González: Cómo gestionar la atracción por terceros

La gestión de la atracción hacia terceros: expertos analizan la responsabilidad afectiva en la pareja

La psicología contemporánea analiza uno de los desafíos más recurrentes en las relaciones de larga duración: la aparición de una atracción externa. Según especialistas en conducta emocional, este fenómeno no representa necesariamente el fin del afecto hacia la pareja, sino que sitúa el foco en la responsabilidad afectiva y la capacidad de establecer límites conscientes frente a la novedad y la intensidad que aportan personas ajenas al vínculo establecido.

Alicia González, psicóloga especializada en vínculos, señala que la percepción de una tercera persona suele contar con una ventaja comparativa frente a la pareja consolidada. Mientras que la convivencia y la rutina aportan estabilidad y seguridad, también reducen los niveles de adrenalina y novedad propios de los inicios. Esta falta de intensidad en la relación cotidiana puede hacer que un tercero sea percibido como una opción emocionalmente más estimulante, aunque se trate de una comparación desigual entre una realidad compleja y una idealización inicial.

Uno de los puntos clave destacados por la experta es la necesidad de normalizar la atracción como una condición humana. Interpretar erróneamente este sentimiento como una señal inequívoca de desamor suele ser el origen de crisis innecesarias. La distinción fundamental radica en que es posible mantener el amor hacia la pareja y, simultáneamente, experimentar una atracción puntual por otra persona. El conflicto, por tanto, no reside en el sentimiento espontáneo, sino en la gestión posterior de esa emoción.

El ejercicio del autocontrol se posiciona como el pilar fundamental para la preservación de la estabilidad relacional. Desde la psicología se recomienda evitar situaciones que alimenten el vínculo con terceros cuando se detecta un riesgo para la relación principal. Este enfoque sugiere que proteger un compromiso implica, en ocasiones, actuar de forma contraria al impulso momentáneo, renunciando a contextos o interacciones que puedan comprometer la integridad del acuerdo de pareja.

Asimismo, se advierte sobre el riesgo de «romantizar» la tensión emocional mediante la verbalización de la misma con la tercera persona involucrada. Confesar la atracción o crear un aura de «historia prohibida» solo contribuye a intensificar la conexión y dificulta la toma de distancia. La recomendación técnica es mantener una prudencia emocional que evite alimentar fantasías, permitiendo que la atracción se disipe sin convertirse en una crisis estructural.

En última instancia, el análisis concluye que la solidez de las relaciones duraderas no depende únicamente de la persistencia de las emociones intensas, sino de decisiones conscientes tomadas con coherencia. El mantenimiento de un vínculo a largo plazo se define, bajo esta perspectiva, como un acto de voluntad constante donde se prioriza el proyecto común y los límites establecidos frente a las fluctuaciones emocionales naturales del ser humano.

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