Un estudio científico identifica una mayor precocidad y detalle en la memoria sensorial de personas con autismo
Una investigación conjunta del Departamento de Psicología Clínica del Instituto Central de Salud Mental de Mannheim y la Facultad de Medicina de la Universidad de Heidelberg, en Alemania, ha determinado que las personas con trastorno del espectro autista (TEA) de alto funcionamiento poseen la capacidad de evocar recuerdos de su infancia a edades más tempranas que la población neurotípica. El hallazgo principal subraya que estas memorias se caracterizan por una riqueza significativamente mayor en detalles sensoriales, lo que cuestiona la premisa tradicional de un déficit general en la memoria autobiográfica de este colectivo.
El informe técnico señala que la recuperación de estos recuerdos infantiles se encuentra estrechamente vinculada a experiencias visuales, auditivas, táctiles u olfativas. Según los autores del estudio, es precisamente esta carga sensorial la que facilita la consolidación y posterior recuperación de la información. Este fenómeno se relaciona directamente con la denominada teoría del mundo intenso, que postula que el cerebro de las personas con autismo presenta una hiperpercepción y una respuesta más intensa ante los estímulos externos.
La relevancia institucional de este descubrimiento se traslada al ámbito de la salud mental y la protección del menor. Los expertos advierten que una mayor atención a los detalles sensoriales implica una respuesta cerebral más aguda. En el caso de los menores con TEA, sonidos, imágenes olores o espacios específicos pueden activar recuerdos tempranos con una intensidad superior, incluso cuando el individuo no cuenta con la capacidad de verbalizar o narrar lo sucedido.
Estas conclusiones ofrecen una nueva perspectiva sobre el tratamiento del trauma infantil y el trastorno por estrés postraumático (TEPT) en el espectro autista. La literatura científica previa ya indicaba que muchos menores no expresan sus vivencias traumáticas de forma oral, sino a través de conductas o respuestas fisiológicas. El estudio sugiere que comprender cómo las personas con TEA procesan y recuperan su memoria es fundamental para interpretar adecuadamente su comportamiento y evitar situaciones de revictimización en entornos clínicos o judiciales.
Finalmente, la investigación concluye que la evaluación de los patrones de percepción sensorial debe integrarse como una herramienta diagnóstica y terapéutica habitual. Este enfoque permitiría no solo comprender mejor la diversidad clínica dentro del autismo, sino también optimizar las intervenciones profesionales y mejorar la convivencia cotidiana con los menores, ajustando el entorno a sus necesidades de procesamiento sensorial.


