Joan Capdevila, exintegrante de la selección española de fútbol y campeón del mundo en 2010, ha informado públicamente sobre la denegación de su autorización electrónica de viaje (ESTA) por parte de las autoridades de Estados Unidos. Este impedimento administrativo le imposibilita, de manera provisional, asistir a la final del Mundial que enfrentará a España y Argentina este domingo en el MetLife Stadium de Nueva York.
La resolución del Departamento de Estado estadounidense responde a los protocolos de seguridad que restringen el acceso simplificado al país a aquellos ciudadanos que hayan visitado naciones designadas bajo regímenes de vigilancia especial, entre las que se encuentra Irán. El exdeportista confirmó que su estancia en territorio iraní tuvo lugar en el año 2016, cuando participó en un encuentro de exhibición de carácter profesional bajo el marco de «LaLiga Legends».
De acuerdo con la normativa migratoria vigente en Estados Unidos, los viajeros que incurren en este supuesto no son elegibles para el sistema automatizado ESTA y deben tramitar un visado ordinario a través de una entrevista consular. No obstante, los plazos administrativos requeridos para completar dicho procedimiento dificultan la resolución del expediente antes del inicio del encuentro deportivo, programado para las 21:00 horas (horario peninsular español).
Ante la inmediatez del evento, Capdevila ha recurrido a sus canales oficiales para solicitar una mediación institucional, dirigiendo una petición directa a la administración que encabeza el presidente Donald Trump. El exfutbolista catalán formaba parte de la delegación de veteranos invitados por la Real Federación Española de Fútbol (RFEF), que ha convocado a los campeones de 2010 para acompañar al equipo nacional en esta cita internacional.
El desplazamiento, que Capdevila tenía previsto realizar junto a sus hijos, se mantiene en suspenso a la espera de un posible giro administrativo de última hora. Por el momento, la normativa de seguridad nacional estadounidense prevalece sobre las gestiones deportivas, reflejando el rigor de los controles de frontera aplicados a ciudadanos que han mantenido vínculos profesionales con países sujetos a restricciones diplomáticas.
Este incidente se produce en un contexto de máxima seguridad previo a la clausura del torneo mundialista, donde las autoridades locales mantienen protocolos estrictos para todos los asistentes, independientemente de su relevancia pública o institucional en el ámbito deportivo.


