Expertos advierten sobre el descenso en el consumo de productos frescos en España y proponen claves para una nutrición integral
Los datos de la Encuesta de Condiciones de Vida de 2025, publicada recientemente por el Instituto Nacional de Estadística (INE), revelan una tendencia a la baja en el consumo diario de frutas y hortalizas entre la población española. Según el organismo oficial, solo el 47,7 % de los ciudadanos de 16 años o más consume verduras, ensaladas o legumbres de forma diaria, mientras que el consumo de fruta se sitúa en un 63,2 %. Ambas cifras representan un retroceso respecto a los indicadores registrados en el año 2022.
Ante este escenario, especialistas en el ámbito de la salud nutricional subrayan la necesidad de reorientar los hábitos alimentarios hacia modelos que prioricen la calidad biológica de los alimentos sobre el simple conteo calórico. Endika Montiel, nutricionista y divulgador de Synsera Labs, sostiene que la nutrición debe entenderse como un suministro de información y energía real para las células, integrándose en un marco de bienestar que incluya el control del estrés, la higiene del sueño y la actividad física regular.
Pilares para una alimentación basada en la salud metabólica
La propuesta técnica para revertir las carencias actuales se fundamenta en la incorporación progresiva de cambios sostenibles. El primer eje consiste en priorizar la denominada «comida real», compuesta por alimentos frescos o mínimamente procesados tales como huevos, pescados, carnes, tubérculos, legumbres y aceites vegetales de calidad. Este enfoque busca desplazar el consumo de ultraprocesados, cuyos altos niveles de azúcares y grasas saturadas afectan negativamente a la regulación de la glucosa y a la microbiota intestinal.
Asimismo, se destaca la importancia de asegurar un aporte proteico suficiente, especialmente relevante en la población de edad avanzada y en personas con un estilo de vida activo. Las proteínas resultan esenciales para el mantenimiento de la masa muscular y el correcto desempeño de diversas funciones orgánicas. A este factor se suma la necesidad de incrementar la ingesta de fibra a través de cereales integrales, frutos secos y frutas, elementos clave para el tránsito intestinal y la saciedad.
Hidratación y suplementación bajo criterio profesional
En el ámbito de la hidratación, los especialistas recomiendan el agua como bebida de elección prioritaria. Sin embargo, enfatizan que la ingesta debe adaptarse a las necesidades individuales de cada sujeto, considerando factores como el nivel de actividad física, la temperatura ambiental y el contexto fisiológico, evitando fórmulas rígidas para toda la población.
Respecto a la suplementación nutricional, el criterio institucional es claro: estos productos no deben sustituir en ningún caso a una dieta equilibrada. Su uso debe estar condicionado a la detección de carencias específicas o necesidades concretas, siempre bajo una indicación adecuada que responda a un objetivo de salud determinado y no como un recurso sistemático carente de supervisión.
El impacto del estilo de vida en la nutrición
La salud nutricional no puede disociarse del entorno conductual del individuo. Los expertos coinciden en que la falta de descanso influye directamente en la regulación hormonal del apetito, lo que puede derivar en decisiones alimentarias menos saludables. De igual modo, el sedentarismo y la exposición constante a situaciones de estrés impactan en el metabolismo general.
En conclusión, la estrategia para mejorar los indicadores de salud en España no reside en la adopción de restricciones extremas de corta duración, sino en la consolidación de hábitos que combinen la elección de alimentos de alta densidad nutricional con una vida activa. La mejora de la salud pública, según indican los especialistas, depende de entender que la nutrición es una pieza más de un sistema complejo donde el descanso y el ejercicio físico son igualmente determinantes.


