viernes, julio 10, 2026
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David Callejo: por qué beber agua fría no quita el calor

Especialistas advierten sobre el impacto del consumo de agua helada en la termorregulación corporal

Ante el incremento de las temperaturas estivales, profesionales de la salud han emitido una serie de recomendaciones técnicas sobre los hábitos de hidratación, advirtiendo que el consumo de agua a temperaturas extremadamente bajas puede resultar contraproducente. Según los expertos, la ingesta de líquidos helados activa mecanismos biológicos que, lejos de refrescar al individuo a largo plazo, pueden incrementar la sensación térmica interna debido a un fenómeno de compensación metabólica.

El doctor David Callejo ha explicado que el organismo humano funciona como un sistema de precisión que busca mantener una homeostasis térmica constante, situada en torno a los 37 grados centígrados. Al introducir agua a una temperatura cercana a la congelación, el cuerpo detecta un descenso brusco de su calor interno y reacciona de forma inmediata para restablecer el equilibrio. Este proceso de recuperación térmica genera lo que se denomina calor metabólico, lo que deriva en una sensación de bochorno superior poco tiempo después de la ingesta.

Este fenómeno, conocido coloquialmente como el «efecto rebote», es la razón por la cual el alivio inmediato que proporciona el hielo es transitorio. Al trabajar el organismo para calentar el líquido ingerido y proteger los órganos internos del choque térmico, el gasto energético resultante produce calor adicional, anulando el propósito inicial de la hidratación fría.

En relación con otras prácticas tradicionales, como el consumo de té caliente en regiones desérticas de Asia o África, la medicina reconoce un fundamento fisiológico: las bebidas calientes estimulan la producción de sudor. Cuando este sudor se evapora sobre la epidermis, se produce un enfriamiento natural del cuerpo. No obstante, los especialistas señalan que esta opción suele ser rechazada por la población general debido a la incomodidad que supone la ingesta de calor en entornos ya saturados térmicamente.

La recomendación técnica para una gestión eficiente de la temperatura corporal durante el verano no reside en buscar los extremos térmicos, sino en el consumo de líquidos a una temperatura templada o moderadamente fresca. Según los expertos, el agua fresca resulta más agradable al paladar, lo que fomenta una mayor ingesta voluntaria y asegura una hidratación constante sin forzar al sistema endocrino y metabólico a realizar esfuerzos extraordinarios de termorregulación.

En conclusión, las autoridades sanitarias y profesionales del sector instan a la ciudadanía a priorizar la cantidad de líquido ingerido sobre la temperatura del mismo, evitando los choques térmicos que puedan comprometer el equilibrio interno del organismo en periodos de altas temperaturas.

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