El Gobierno otorga la Medalla a la Igualdad a Dolores Vázquez tras décadas del error judicial del caso Wanninkhof
Dolores Vázquez ha recibido esta semana la Medalla a la Promoción de los Valores de Igualdad por parte del Gobierno de España, coincidiendo con la conmemoración del Día Internacional de la Visibilidad Lésbica. El reconocimiento institucional se produce más de dos décadas después de que Vázquez protagonizara uno de los errores judiciales más graves de la historia reciente del país, tras ser condenada injustamente por el asesinato de la joven Rocío Wanninkhof en el año 2000.
Durante el acto oficial, Vázquez, de 74 años, calificó la jornada como un «día muy especial» marcado por el paso del tiempo y una evolución personal que le ha permitido alcanzar una estabilidad emocional tras años de ostracismo. No obstante, la homenajeada aprovechó la intervención ante los medios para recordar que, a pesar del gesto institucional, no ha recibido una compensación económica por los daños sufridos. Según sus declaraciones, los 120.000 euros de indemnización que se plantearon en el pasado nunca fueron percibidos, y subrayó que la decisión de una reparación justa recae ahora sobre el Ejecutivo.
El origen de este reconocimiento se enmarca en la reparación de una figura que sufrió un proceso judicial viciado por la presión mediática y los prejuicios sociales. En septiembre de 2000, Dolores Vázquez fue detenida como principal sospechosa de la muerte de Rocío Wanninkhof, hija de su expareja. Un jurado popular la condenó en 2001 a pesar de la ausencia de pruebas concluyentes. Vázquez permaneció 519 días en prisión hasta que la aparición de nuevas pruebas de ADN en 2003, vinculadas al asesinato de la joven Sonia Carabantes en Coín, identificaron a Tony Alexander King como el autor material de ambos crímenes.
Vázquez relató el impacto psicológico que supuso el proceso judicial, comparando su exposición pública con la de «un mono de feria». La presión de los medios de comunicación y el estigma social derivaron en cuadros de ansiedad y miedo que la llevaron a abandonar España tras su excarcelación. Durante años, residió en el Reino Unido trabajando como coordinadora logística, tratando de reconstruir su vida lejos del foco mediático que marcó su condena social previa a la sentencia firme.
En el plano personal, la condecorada manifestó haber recurrido a apoyo psicológico y psiquiátrico, así como al respaldo fundamental de sus hermanas, para superar las etapas de ira y frustración posteriores a su salida de la cárcel. «He perdonado. Hace muchos años que he perdonado porque comprendí que estar enfadada con el mundo no era yo», afirmó, aunque insistió en que el reconocimiento institucional debería extenderse a otros ámbitos de la sociedad que participaron en su señalamiento.
Actualmente, Dolores Vázquez reside en la localidad coruñesa de Betanzos, donde se instaló hace aproximadamente nueve años tras regresar de Londres. Su caso volvió a la primera línea de la opinión pública en 2021 a raíz de un documental televisivo en el que expuso su testimonio en primera persona. Con la entrega de esta medalla, el Ministerio de Igualdad busca institucionalizar el desagravio y poner en valor la visibilidad de una mujer cuya orientación sexual fue, según diversos análisis posteriores, un factor determinante en la construcción de un perfil de culpabilidad durante el proceso judicial de finales de los años noventa.


