miércoles, agosto 26, 2026
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Título superior protege del paro pero falta experiencia

La formación superior reduce el riesgo de desempleo pero no mitiga el impacto de la falta de experiencia

La posesión de estudios superiores se consolida como un factor de protección frente al desempleo en España, aunque su eficacia se ve limitada por la falta de trayectoria profesional acreditable entre los recién graduados. Según el informe «Empleo, universidad y capital humano», elaborado por el Instituto de Ciencias del Empleo y las Relaciones Laborales (ICER), la tasa de paro entre las personas de 20 a 24 años con educación superior se situó en el 17,31% durante el segundo trimestre de 2026, una cifra que triplica el 6,21% registrado por el conjunto de la población con el mismo nivel formativo.

El estudio subraya que, si bien el título académico reduce la vulnerabilidad laboral en todas las franjas de edad, la experiencia profesional es el factor determinante para la inserción efectiva. Mientras que el desempleo juvenil general para el grupo de 20 a 24 años alcanzó el 19,88% en el periodo analizado, aquellos con formación superior presentan una tasa ligeramente inferior del 17,31%. No obstante, esta ventaja competitiva se acentúa con la edad: para el grupo de 25 a 29 años, el paro desciende al 8,57%, y cae hasta el 5,35% entre los titulados de 30 a 44 años, según datos de la Encuesta de Población Activa (EPA).

Alejandro Costanzo, secretario general del ICER, ha destacado la evolución positiva de la última década, señalando que el desempleo entre los titulados superiores de 20 a 24 años ha descendido 17,7 puntos desde el año 2015. Sin embargo, el informe advierte sobre una «señal de alarma» detectada en el último ejercicio. Entre el segundo trimestre de 2025 y el mismo periodo de 2026, el paro en este segmento joven aumentó un punto porcentual, pasando del 16,30% al 17,31%, en un contexto de enfriamiento de la contratación general que afecta prioritariamente a quienes buscan su primera oportunidad laboral.

Más allá del acceso al mercado de trabajo, el ICER identifica un segundo desajuste estructural relacionado con la calidad del empleo y la sobrecualificación. El informe revela que, transcurridos cuatro años desde la obtención del grado, solo el 61,9% de los egresados cotiza en grupos correspondientes a su nivel de titulación. Esta problemática se extiende a lo largo de la vida laboral, ya que el 35,8% de los trabajadores con estudios superiores en España desempeñaba en 2023 puestos de cualificación baja o media, una cifra significativamente superior al 21,9% de la media en la Unión Europea.

Esta diferencia de casi catorce puntos sitúa a España como el país europeo con mayor índice de desaprovechamiento del capital humano formado. Ante este escenario, el secretario general del ICER ha incidido en que el desafío actual no radica únicamente en incrementar el número de titulados, sino en conectar la formación con las necesidades del mercado para transformar el conocimiento académico en valor añadido de forma temprana.

Para abordar estas deficiencias, el Instituto propone una serie de medidas estratégicas centradas en la profesionalización de la transición educativa al empleo. Entre las recomendaciones destacan el fomento de experiencia real durante las titulaciones mediante prácticas de calidad y proyectos aplicados, el refuerzo de competencias transversales y tecnológicas, y una mayor colaboración entre las universidades, el sector empresarial y los servicios públicos de intermediación laboral.

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