La vitrificación de óvulos se consolida como alternativa para la conciliación en el deporte de élite
La sincronía entre los años de máximo rendimiento deportivo y el periodo de mayor fertilidad biológica plantea un desafío estructural para las mujeres en el deporte profesional. Ante la dificultad de pausar carreras de alta exigencia en disciplinas como el fútbol, la vitrificación de óvulos emerge como una herramienta técnica para preservar la maternidad, aunque expertos advierten sobre las implicaciones físicas, los requisitos normativos y los límites de efectividad del procedimiento.
La doctora Rebeca Begueria, especialista en salud reproductiva, señala que la ventana óptima para este tratamiento se sitúa entre los 28 y 35 años, etapa que coincide habitualmente con la consolidación profesional de las atletas. A partir de los 35 años, y de manera más pronunciada tras los 38, la calidad y reserva ovárica disminuyen significativamente, lo que reduce las probabilidades de éxito de futuras gestaciones mediante técnicas de reproducción asistida.
Desde la perspectiva médica, el proceso de vitrificación requiere una interrupción parcial de la actividad física de alto nivel. El tratamiento estándar comprende aproximadamente 15 días de medicación hormonal y un periodo similar de recuperación tras la intervención. En total, una deportista requiere de un margen de 30 días para recuperar sus condiciones físicas previas, debido a efectos secundarios como el aumento del tamaño de los ovarios, inflamación abdominal, fatiga o migrañas.
El impacto en el rendimiento es un factor determinante durante la fase de estimulación. Los especialistas recomiendan reducir la intensidad de los entrenamientos para evitar riesgos derivados de traumatismos abdominales, un factor crítico en deportes de contacto. Esta circunstancia obliga a las entidades deportivas y a las atletas a planificar estas intervenciones fuera de los periodos de competición oficial para no comprometer los objetivos del equipo.
Asimismo, la normativa internacional antidopaje introduce una variable administrativa indispensable. Dado que ciertos fármacos empleados en la estimulación ovárica podrían no estar contemplados como permitidos, las deportistas profesionales deben verificar la compatibilidad de la medicación y, en caso necesario, gestionar una Autorización de Uso Terapéutico (AUT) ante los organismos competentes antes de iniciar el protocolo médico.
A pesar de la creciente popularidad de la técnica, la comunidad médica subraya que la congelación de óvulos no constituye una garantía absoluta de embarazo futuro. La efectividad del procedimiento está supeditada a la obtención de un número suficiente de ovocitos —se recomienda un mínimo de 15— y a variables externas como la calidad del esperma utilizado en la fecundación posterior y la edad de la mujer en el momento de la vitrificación.
Finalmente, el análisis institucional de esta práctica coincide en que la preservación de la fertilidad no debe desplazar el debate sobre la protección de la maternidad biológica. Expertos en medicina y gestión deportiva sostienen que, si bien la vitrificación es una opción de autonomía personal, las organizaciones deben avanzar simultáneamente en políticas de conciliación reales que garanticen que un embarazo durante la etapa activa no suponga el fin de la carrera profesional de una deportista.


