Un equipo internacional de investigadores ha documentado, en un estudio publicado por la revista Science, la fragmentación permanente de la comunidad de chimpancés de Ngogo, en Uganda, la mayor colonia de esta especie conocida en estado salvaje. El proceso de división social, observado entre 2015 y 2024, derivó en un conflicto violento de carácter letal entre individuos que anteriormente compartían territorio, recursos y vínculos de cooperación.
La investigación, liderada por Aaron Sandel, de la Universidad de Texas en Austin, y John Mitani, de la Universidad de Michigan, describe cómo la comunidad de Ngogo, ubicada en el Parque Nacional de Kibale, transitó de una dinámica habitual de «fisión–fusión» —donde los subgrupos se separan temporalmente para luego reintegrarse— a una ruptura total. Según los registros, en 2015 se detectó que los chimpancés de la zona occidental comenzaron a evitar sistemáticamente al grupo central, una polarización que culminó en 2017 con la consolidación de dos comunidades independientes.
A partir de 2018, la separación social se transformó en hostilidad abierta. Los científicos registraron entre 2018 y 2024 al menos siete ataques mortales contra machos adultos y 17 casos de infanticidio. Este fenómeno resulta excepcional para la comunidad científica, ya que las separaciones permanentes son extremadamente raras en los chimpancés, quienes suelen mantener vínculos estables a pesar de la competencia por recursos. El estudio sugiere que estos primates poseen identidades de grupo que pueden cambiar drásticamente, transformando a antiguos aliados en enemigos territoriales.
El análisis identifica diversos factores que pudieron propiciar la ruptura, tales como el tamaño excesivo de la comunidad original, la competencia por la reproducción, cambios en la jerarquía de dominancia masculina y la pérdida de individuos clave que actuaban como conectores sociales. Los autores destacan que, a diferencia del único precedente registrado por Jane Goodall en Gombe (Tanzania) en los años 70, la situación en Ngogo se produjo sin intervención humana ni alimentación artificial, lo que ofrece una evidencia más sólida sobre el comportamiento intrínseco de la especie ante el colapso de la cohesión grupal.
Desde una perspectiva comparativa, los investigadores subrayan las diferencias fundamentales entre el comportamiento de estos primates y el de los seres humanos. Mientras que los chimpancés de Ngogo mostraron una hostilidad absoluta hacia sus antiguos compañeros tras la escisión, los científicos señalan que la especie humana se distingue por su capacidad de cooperación prosocial con desconocidos, permitiendo la convivencia pacífica en sociedades de gran escala. No obstante, el caso de Ngogo se presenta como un modelo relevante para entender cómo la polarización extrema puede fracturar las estructuras sociales.
El trabajo concluye que la comprensión de estos conflictos requiere de futuras colaboraciones interdisciplinarias con la psicología, la sociología y las ciencias políticas. James Brooks, del Centro Alemán de Primates, enfatizó en un comentario asociado al estudio que la cohesión de los grupos no solo depende de evitar la hostilidad, sino de reforzar activamente las conexiones individuales, una lección que trasciende la primatología y ofrece claves sobre la estabilidad de las organizaciones sociales complejas.


