sábado, junio 27, 2026
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Salud y plásticos: jornada en la Fundación Jiménez Díaz

La Fundación Jiménez Díaz analiza el impacto de los disruptores endocrinos y plásticos en la salud pública

El Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz ha organizado una jornada científica centrada en el impacto de los plásticos y los contaminantes químicos cotidianos sobre el organismo humano. El encuentro, que contó con la ponencia principal del doctor Nicolás Olea, catedrático de la Universidad de Granada y experto internacional en disruptores endocrinos, sirvió para examinar cómo la exposición a compuestos químicos con actividad hormonal presentes en envases, cosméticos y textiles está condicionando la aparición de diversas patologías en la población actual.

Durante la inauguración, el doctor Javier Arcos, gerente de la Fundación Jiménez Díaz, subrayó la relevancia de fomentar espacios de debate sobre factores ambientales con incidencia directa en la salud. Arcos destacó el compromiso del centro madrileño por integrar estos conocimientos en la práctica clínica, tras mantener encuentros específicos con los jefes de servicio del hospital para abordar la relación entre el medioambiente y las enfermedades crónicas.

Interferencias en el sistema hormonal

El núcleo de la jornada se centró en los denominados disruptores endocrinos, sustancias sintéticas capaces de interferir con los mensajes químicos del cuerpo. Según explicó el doctor Olea, la investigación científica actual vincula la exposición acumulada a estos compuestos con alteraciones metabólicas, problemas de fertilidad, enfermedades tiroideas y el aumento de tumores hormonodependientes. El experto hizo especial hincapié en la vulnerabilidad de las etapas tempranas de la vida, como el embarazo, la infancia y la pubertad.

Uno de los conceptos clave abordados fue el «efecto cóctel», que describe la exposición simultánea y continuada a múltiples sustancias químicas presentes en el aire interior, los alimentos, los textiles y los envases. El doctor Olea advirtió de que la dificultad científica reside en analizar estas mezclas complejas, cuyo efecto acumulado sobre el tejido graso y otros órganos sigue siendo objeto de estudio exhaustivo a nivel epidemiológico internacional.

Cambios en los patrones de enfermedad y fertilidad

El análisis de los datos actuales revela un adelanto en la edad de diagnóstico de ciertas patologías que anteriormente se asociaban casi exclusivamente al envejecimiento. El ponente señaló el aumento de cánceres hormonodependientes en mujeres jóvenes y el descenso progresivo del recuento espermático en hombres, así como el incremento de casos de endometriosis y baja reserva ovárica. Estas tendencias obligan, según los expertos, a reconsiderar el entorno ambiental como un factor determinante en la salud reproductiva y el neurodesarrollo infantil.

En relación con la prevención, la jornada abordó cómo determinados hábitos fisiológicos, como la lactancia prolongada, han demostrado tener un efecto protector al facilitar la eliminación de contaminantes persistentes acumulados en el organismo. Sin embargo, el retraso en la edad de la maternidad y los cambios en los estilos de vida están modificando estos patrones de exposición y protección natural.

Compromiso institucional y recomendaciones

Aurora Herráiz, directora de Responsabilidad Social Corporativa de la Fundación Jiménez Díaz, reafirmó la apuesta del hospital por la divulgación científica y la necesidad de acercar estos debates a la ciudadanía. Por su parte, la periodista Ana Terradillos, encargada de moderar la sesión, destacó la creciente preocupación social ante productos de uso diario cuyo impacto en la salud todavía es desconocido por gran parte del público general.

La sesión concluyó con una serie de recomendaciones orientadas a la reducción del riesgo en el ámbito doméstico. Entre las medidas propuestas por los especialistas destacan la priorización de materiales inertes como el vidrio o el acero inoxidable frente al plástico, evitar el calentamiento de recipientes plásticos en contacto con alimentos, asegurar una ventilación adecuada de las viviendas y reducir el uso de textiles sintéticos y cosméticos con componentes químicos complejos, avanzando así hacia un modelo de prevención basado en la evidencia científica.

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