Renfe e Iryo refuerzan los protocolos de seguridad con límites de velocidad tras el accidente de Urda
La operadora pública Renfe ha implementado una nueva instrucción de seguridad que obliga a sus más de 6.000 maquinistas a reducir la velocidad de los trenes a un máximo de 40 kilómetros por hora tras producirse un fallo de transmisión en el sistema de seguridad LZB. Esta medida, que entró en vigor este domingo 1 de noviembre, busca extremar las precauciones en situaciones de bloqueo parcial de la vía. Por su parte, el operador privado Iryo estudia actualmente la adopción de esta misma restricción para unificar los criterios de actuación ante incidencias técnicas.
La nueva normativa establece que, ante un bloqueo parcial del sistema de seguridad, los conductores deben detener el convoy de forma inmediata. La reanudación de la marcha queda supeditada exclusivamente a la recepción del telefonema LZB3, emitido por el responsable de circulación del Centro de Regulación de Control (CRC). Una vez obtenida esta autorización, el tren deberá circular en régimen de «marcha a la vista», lo que exige al maquinista mantener una velocidad que le permita frenar ante cualquier obstáculo detectado visualmente, sin superar en ningún caso el límite de los 40 kilómetros por hora.
Adicionalmente, el protocolo incorpora una verificación obligatoria sobre la ocupación de la infraestructura. Antes de reiniciar el movimiento, el maquinista debe solicitar al centro de control la confirmación de que el cantón de bloqueo por el que va a transitar se encuentra libre de otros vehículos ferroviarios. Asimismo, el conductor tiene la obligación de informar al responsable de circulación de que está aplicando las nuevas prescripciones de velocidad reducida.
Esta decisión operativa se produce como respuesta directa al siniestro ferroviario ocurrido el pasado miércoles 28 de octubre en Urda, en la línea de alta velocidad Madrid-Sevilla. En dicho incidente, un tren AVE colisionó contra un convoy de Iryo que se encontraba detenido, resultando en el fallecimiento de 69 personas. Las investigaciones preliminares apuntan a que una cadena de fallos técnicos dejó fuera de servicio el sistema LZB, afectando a un total de seis trenes que circulaban por el tramo afectado.
Según la reconstrucción técnica de los hechos, el tren de Renfe involucrado en el accidente recibió por error el telefonema LZB4, una autorización que permite circular a velocidad normal en lugar de la restringida. Esto provocó que el convoy recorriera 25 kilómetros durante 17 minutos hasta alcanzar una velocidad de entre 160 y 200 kilómetros por hora en el momento del impacto. La magnitud de la colisión causó el descarrilamiento de la práctica totalidad de los vagones de ambos trenes y daños estructurales severos en la infraestructura.
En el marco regulatorio actual, estas nuevas consignas de seguridad son de aplicación interna para los operadores que decidan adoptarlas, ya que no han sido emitidas como una norma general por Adif, el administrador de la infraestructura. No obstante, fuentes del sector indican que la adopción voluntaria por parte de Renfe y el estudio iniciado por Iryo pretenden establecer un estándar de seguridad más riguroso mientras se completan las investigaciones oficiales y se determinan las responsabilidades técnicas y operativas del accidente de Urda.


