Karlos Arguiñano mantiene su rutina de actividad física y profesional en Zarautz
El cocinero Karlos Arguiñano continúa al frente de su actividad profesional en el programa «Cocina Abierta» de Antena 3, descartando la jubilación a corto plazo. Su desempeño diario en la localidad guipuzcoana de Zarautz se rige por una disciplina estricta que combina el trabajo televisivo con hábitos de vida saludable, ejercicio físico regular y la gestión de sus diversos proyectos empresariales en la región.
La jornada del comunicador comienza habitualmente entre las 06:30 y las 07:00 horas. Antes de iniciar sus compromisos en los platós de grabación, Arguiñano dedica los primeros 45 minutos del día a una tabla de gimnasia y estiramientos en su domicilio. Esta preparación física precede a un desayuno de corte mediterráneo, compuesto de café, fruta de temporada y pan con aceite de oliva virgen extra, evitando las tendencias nutricionales contemporáneas en favor de productos tradicionales.
La actividad profesional se desarrolla íntegramente en Zarautz, donde se traslada para la grabación diaria de sus espacios gastronómicos. Este trabajo, que exige permanecer varias horas de pie, se complementa con un hábito de movilidad innegociable: una caminata diaria de 10 kilómetros por la playa o los montes cercanos. Según fuentes cercanas al entorno del cocinero, estas marchas, de aproximadamente una hora y media de duración, las realiza en solitario y sin dispositivos electrónicos, con el objetivo de fomentar el bienestar mental.
Más allá de la televisión, la presencia de Arguiñano es constante en el tejido socioeconómico de la zona. Su restaurante, ubicado en el histórico Palacio de Narros, funciona como centro de la actividad familiar bajo la gestión directa de sus hijos en las áreas de cocina, sala y repostería. Además, su implicación con el entorno se extiende al apoyo del deporte rural, como la pelota vasca a través de la empresa Baiko Pilota, y el impulso del sector vitivinícola con su bodega K5, dedicada a la elaboración de txakoli.
Para complementar su recuperación física tras las jornadas de trabajo y ejercicio, el cocinero recurre de forma habitual al Watsu, una técnica de relajación y movilización en agua de origen oriental. Este método le permite mitigar las tensiones musculares acumuladas, asegurando la continuidad de un ritmo de vida que vincula estrechamente la longevidad profesional con el entorno geográfico del País Vasco.


