El filósofo Luc Ferry propone un modelo de espiritualismo laico para la sociedad contemporánea
El pensador francés sostiene que la búsqueda de sentido en el siglo XXI se ha desplazado desde las estructuras religiosas tradicionales hacia la «trascendencia en la inmanencia», centrada en los vínculos humanos y la ética.
En el marco de sus recientes intervenciones académicas desarrolladas entre 2024 y 2025, el filósofo Luc Ferry ha reafirmado la vigencia de su propuesta sobre la necesidad de hallar un propósito vital fuera de los marcos institucionales de la religión. Según el autor, la modernidad europea atraviesa un proceso de secularización que, si bien ha debilitado la influencia de las iglesias tradicionales, no ha suprimido el anhelo humano de trascendencia, el cual se manifiesta ahora a través de ámbitos cotidianos y tangibles.
Ferry denomina a este fenómeno como «trascendencia en la inmanencia» o espiritualismo laico. Esta corriente no plantea un rechazo frontal hacia lo religioso, sino una reinterpretación del deseo de significado. En sus conferencias y en la revisión de su obra, Ferry argumenta que el vacío dejado por los relatos sagrados está siendo ocupado por valores como el amor, la creación artística y el compromiso ético, desplazando el eje de la existencia desde lo sobrenatural hacia la experiencia concreta de la vida presente.
Uno de los pilares fundamentales de este planteamiento es la reivindicación del amor, especialmente en su dimensión familiar y afectiva, como la principal forma de trascendencia moderna. Para el filósofo, el vínculo con el otro permite al individuo encontrar un valor que lo supera sin necesidad de apelar a una divinidad. Esta visión conecta la búsqueda de la felicidad no con el bienestar material o el consumo, sino con la capacidad de otorgar un sentido profundo a las vivencias compartidas.
El autor de «Aprender a vivir» sostiene que, ante la desaparición de referentes absolutos y la consecuente angustia existencial, la solución no reside en un retorno a modelos del pasado. Por el contrario, Ferry propone una felicidad vinculada a la vida interior y al valor de lo cotidiano. Este enfoque busca ofrecer una respuesta a la desorientación que experimentan muchos individuos en sociedades plurales donde las antiguas estructuras de pensamiento han perdido su hegemonía.
A pesar de la relevancia de su propuesta en el debate intelectual europeo, el espiritualismo laico de Ferry enfrenta críticas que lo consideran insuficiente para abordar las grandes interrogantes metafísicas de la humanidad. No obstante, sus defensores destacan su capacidad para adaptarse a una sociedad diversa, proporcionando un marco ético y espiritual que no depende de dogmas, sino de la condición humana y sus vínculos afectivos.
Esta reflexión se inscribe en una tendencia global donde otros pensadores, como el británico Simon Critchley, también advierten que la búsqueda de la felicidad puede resultar vacía si no se acompaña de una reflexión ética sobre el modo de vida. La propuesta de Ferry continúa así situándose en el centro de la discusión sobre el lugar de la espiritualidad y la ética en un mundo crecientemente secularizado.


