Expertos analizan la brecha entre muertes por golpe de calor y mortalidad atribuible a las altas temperaturas
La disparidad en las cifras de fallecimientos asociados a las olas de calor responde a diferencias metodológicas en la medición del impacto climático sobre la salud. Mientras que los registros oficiales de «golpes de calor» representan solo una fracción mínima de la mortalidad total, las estimaciones epidemiológicas revelan que el calor actúa principalmente como un agravante de patologías previas, lo que dificulta su certificación directa en los partes de defunción.
Según investigaciones recientes, el golpe de calor —caracterizado por un fallo multiorgánico cuando el cuerpo supera los 40 °C— constituye apenas la «punta del iceberg» del fenómeno. En España y otros países europeos, estas muertes certificadas representan aproximadamente el 1 % del total de la mortalidad atribuible al calor. El 99 % restante se debe a descompensaciones de enfermedades cardiovasculares, respiratorias, renales o neurodegenerativas que se ven exacerbadas por el estrés térmico.
Metodología de estimación y riesgo relativo
Para determinar el impacto real del clima, los especialistas utilizan modelos estadísticos basados en curvas de exposición-respuesta. Este método compara el número de defunciones diarias con la denominada Temperatura de Mínima Mortalidad (TMM), el umbral térmico donde el riesgo de fallecer es menor en una ubicación específica. A partir de este punto, se calcula la Fracción Atribuible (FA), que identifica qué proporción de las muertes observadas en un día caluroso es consecuencia directa del exceso de temperatura.
Este análisis permite observar que la sensibilidad al calor varía geográficamente. Un estudio internacional realizado en 43 países demuestra que las poblaciones presentan una adaptación parcial a su clima local: la TMM oscila entre los 13 °C en regiones alpinas y los 26,5 °C en zonas tropicales. En promedio, por cada grado que aumenta la temperatura media anual de una ciudad, su umbral de mínima mortalidad se desplaza 0,8 °C.
El impacto del calor moderado
Uno de los hallazgos más relevantes para la salud pública es que el riesgo no se limita exclusivamente a los episodios de calor extremo. Los datos indican que la acumulación de días con temperaturas moderadamente altas —aquellas situadas entre la TMM y el percentil 95 de calor— genera una carga de mortalidad superior a la de las olas de calor intensas pero breves. Durante el verano de 2025, el más cálido registrado por la AEMET, se estimaron 10.831 muertes por calor moderado frente a 4.880 por calor extremo.
Sistemas de monitorización y prevención
En el ámbito institucional, España dispone del sistema de monitorización de mortalidad diaria coordinado por el Instituto de Salud Carlos III. Desde 2023, la aplicación MACE integra estos datos con los registros de la Agencia Estatal de Meteorología para ofrecer una vigilancia casi en tiempo real por provincias. No obstante, los registros detallados del Instituto Nacional de Estadística (INE), que especifican las causas clínicas del fallecimiento, suelen publicarse con más de un año de retraso.
La consolidación de herramientas como Forecaster.health a nivel europeo busca anticipar el impacto sanitario mediante previsiones meteorológicas. El desafío actual de las administraciones radica en integrar plenamente estas estimaciones en los sistemas oficiales de alerta temprana para mitigar los efectos de un entorno climático con veranos progresivamente más rigurosos.


